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Ahorro minorista en la era digital: dos plataformas acumulan cerca de nueve mil cuentas de menores de edad y los cedears son el caballito de batalla

Casi cuatro de cada diez jóvenes argentinos no manejan nociones elementales de presupuesto o crédito, según Junior Achievement, mientras el mercado de capitales gana terreno entre los mismos nativos digitales que después postergan pagos chicos. La regulación de la Comisión Nacional de Valores, en marcha desde 2024, abrió una ventana para que chicos de entre 13 y 17 años operen bajo la firma de un adulto, y los números empiezan a mostrar qué eligen.

Por Mariano EtcheverryPuerto y pesca · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

La radiografía financiera de la juventud argentina exhibe una doble cara difícil de reconciliar: por un lado, cuatro de cada diez jóvenes no conocen conceptos básicos como presupuesto, ahorro o crédito, de acuerdo con datos de Junior Achievement Argentina; por el otro, alrededor de nueve mil menores de edad ya abrieron una subcuenta comitente en el último año y medio para empezar a comprar cedears, acciones y bonos desde el celular, según cifras relevadas por dos operadores del mercado. Esa brecha, que combina desconocimiento elemental con acceso temprano a instrumentos sofisticados, configura un mapa donde conviven el atraso pedagógico y la velocidad de la tecnología.

El dato que más llama la atención es el del endeudamiento. Los nacidos entre 1995 y 2009 apenas alcanzan un 68,8% de cumplimiento en el pago de deudas, lo que significa que más del 30% no cancela sus compromisos en tiempo y forma, según un informe de Equifax. El detalle no es menor: el grueso de los incumplimientos no se explica por montos elevados sino por cifras chicas, postergadas u olvidadas, que igual terminan deteriorando el historial crediticio y achicando las chances futuras de acceder a préstamos o tarjetas.

Una ventana regulatoria que cambió las reglas de juego

Desde 2024 la Comisión Nacional de Valores habilitó a los agentes del mercado a abrir subcuentas para chicos de entre 13 y 17 años, siempre con la firma de un representante legal. Al cumplir los 18, la titularidad pasa de manera automática al joven, que ya llega a la mayoría de edad con un historial de operaciones, una cuenta validada y una idea, al menos básica, de cómo se mueve el dinero en los mercados. La normativa permite invertir en bonos, acciones, cedears, exchange traded funds y fondos comunes de inversión, lo que en la práctica replica la oferta disponible para cualquier adulto.

Dos operadoras que apostaron fuerte por ese segmento, IOL Inversiones y Balanz, reportan entre las dos cerca de nueve mil cuentas combinadas. En una de ellas el 67% de las cuentas abiertas está activa en la actualidad, mientras que en la otra uno de cada dos menores realizó al menos una operación en el último trimestre relevado. El promedio de edad de los inversores activos ronda los 16 años, lo que confirma que el grueso se concentra en el rango inmediatamente anterior a la mayoría de edad, cuando la firma del tutor todavía es obligatoria.

Qué eligen los primeros ahorros

  • Cedears del ETF que replica al índice Standard & Poor’s 500, lejos el instrumento más demandado y una muestra cabal de que la diversificación pesa más que la búsqueda del golpe rápido.
  • Acciones de empresas tecnológicas internacionales: Amazon, Apple, Nvidia, Google y Microsoft encabezan el ranking, con MercadoLibre como la gran favorita del segmento local.
  • En el panel argentino la vedette es YPF, escoltada por Pampa Energía y BYMA, lo que muestra que la selectividad del joven inversor replica el comportamiento del adulto, pero en escala menor.
“El hecho de que su inversión principal sea el SPY nos indica que no están buscando la ganancia mágica, sino que entienden el concepto de diversificación y apuestan al ahorro de mediano y largo plazo.”Lorena Malatesta, vicepresidenta de Marketing en IOL Inversiones

La lectura que hacen las propias plataformas es que los menores no llegan al mercado a buscar el rendimiento explosivo ni a jugar con productos apalancados. La inclinación hacia un instrumento diversificado y de bajo costo como el SPY, que replica al índice de las quinientas mayores empresas estadounidenses, habla de cierta racionalidad temprana: se compra una fracción del mercado, no una apuesta binaria, y se deja trabajar al tiempo. Aun así, los especialistas insisten en que la herramienta sirve de poco si afuera no hay educación financiera básica, porque la operatoria desde una app no reemplaza la comprensión de qué significa asumir un compromiso de pago ni cómo se construye un historial crediticio sano a lo largo de los años. Paula Spitaleri, de Balanz Academy, lo resume con una idea fuerza: la cuenta es apenas un vehículo para que el joven llegue a la edad de tomar crédito con herramientas para decidir, y no con la única compañía del impulso o de la intuición del momento. La columna vertebral del problema sigue siendo pedagógica y, mientras esa formación no llegue al aula y al hogar en forma sistemática, seguirá siendo llamativo ver cómo conviven, en una misma generación, una masa que posterga deudas chicas y un puñado cada vez más nutrido de adolescentes que arma carteras con cedears de las tecnológicas más caras del planeta, todo con apenas un par de clics y la firma del representante legal al lado.

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Mariano EtcheverryPuerto y pesca

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