Estudio detecta diferencias de memoria episódica asociativa ya entre los 50 y los 60 años
Un trabajo de la Universidad de Binghamton publicado en Cerebral Cortex comparó a jóvenes, adultos de mediana edad y adultos mayores, y halló que el rendimiento de quienes tienen entre 50 y 60 años se asemeja más al de los mayores que al de los más jóvenes.
La asociación automática entre un rostro y la situación en que lo vimos, esa capacidad que parece trivial hasta que comienza a fallar, podría empezar a mostrar señales de desgaste bastante antes de lo que la cultura popular suele dar por sentado. Una investigación publicada en la revista Cerebral Cortex y encabezada por especialistas de la Universidad de Binghamton describe diferencias palpables en esa forma específica de recuerdo en personas de entre 50 y 60 años, comparadas con individuos de entre 18 y 30.
El trabajo se centró en la memoria episódica asociativa, definida como la habilidad para retener cómo se vinculan los distintos elementos que componen una experiencia. No se trata únicamente de reconocer un rostro, sino de poder situarlo en un contexto, en un momento o en un lugar, una operación cognitiva que depende de regiones como el hipocampo y que resulta particularmente vulnerable al paso del tiempo.
Cómo se midió el rendimiento
Para explorar esa capacidad, los investigadores reclutaron a 61 voluntarios divididos en tres grupos: 17 jóvenes de entre 18 y 30 años, que funcionaron como referencia; 21 adultos de entre 50 y 60; y 23 personas de entre 61 y 74. La prueba consistió en recordar qué rostros habían sido apareados previamente con determinados objetos o escenas, un diseño experimental orientado a evaluar la integración de información más que el reconocimiento aislado.
Los resultados mostraron que los jóvenes alcanzaron, en promedio, un nivel de aciertos superior al de los otros dos grupos. En paralelo, el desempeño de los adultos de mediana edad no presentó diferencias estadísticamente relevantes frente al de los adultos mayores, un hallazgo que sugiere que la pendiente descendente podría iniciarse antes de la franja etaria que suele asociarse con el declive cognitivo.
Qué dice el cuerpo de evidencia previo
- Distintos estudios longitudinales habían reportado que el volumen hipocampal comienza a reducirse a partir de los 50 años, aunque la magnitud varía según el sexo, la escolaridad y los factores de riesgo cardiovascular.
- Investigaciones previas habían observado que la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento muestran descensos medibles desde la quinta década de vida.
- La literatura coincide en que no todas las formas de memoria envejecen al mismo ritmo: la procedimental, como la de andar en bicicleta, tiende a conservarse, mientras que la episódica es más susceptible al deterioro.
- El nuevo estudio aporta una pieza experimental al indicar que la brecha entre adultos de mediana edad y adultos mayores es menor de lo esperado en tareas de asociación.
En el artículo, los autores destacan que la identificación temprana de estos cambios resulta clave para diseñar intervenciones preventivas, dado que las estrategias no farmacológicas, como el ejercicio físico aeróbico, el entrenamiento cognitivo y el control de factores de riesgo vascular, parecen tener mayor eficacia cuando se implementan antes de que el deterioro se vuelva clínicamente evidente. La nota recuerda, además, que el rendimiento en pruebas de laboratorio no equivale a un diagnóstico clínico, y que la presencia de olvidos cotidianos en la mediana edad no implica, por sí misma, el desarrollo futuro de una demencia.
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