A veintiseis años de su estreno, la aventura de Brendan Fraser y Rachel Weisz que reescribió el mito de la momia
La película de Stephen Sommers llegó a los cines en 1999 y dio inicio a una trilogía que se cerró en 2008 con La tumba del emperador Dragón. Acción, terror y romance en una fórmula que todavía se recuerda.
Me acuerdo perfectamente de la señora que se sentó adelante mío en la butaca, con un pañuelo en la cabeza y los ojos enormes desde que empezaron a rodar los créditos: a los cinco minutos ya tenía los anteojos torcidos del susto, y a la media hora se había olvidado por completo del pocillo de pochoclo que le había alcanzado el marido. Esa es la primera imagen que me vuelve a la cabeza cada vez que alguien menciona La momia, la película que Stephen Sommers estrenó en 1999 con Brendan Fraser y Rachel Weisz como pareja central, y que durante los años siguientes funcionó como una pequeña máquina de fabricar fans en todo el mundo.
Una aventura que empezó en las arenas de Egipto
La historia pone en movimiento a Rick O'Connell, un aventurero con más coraje que, y a Evelyn Carnahan, una egiptóloga más ducha en los libros que en las trincheras, cuando se cruzan en una expedición a Hamunaptra, la ciudad de los muertos. Allí despiertan sin querer a Imhotep, un sacerdote enterrado bajo una maldición milenaria, y la expedición pasa de ser una búsqueda arqueológica a una pelea por la supervivencia con un monstruo clásico del cine de Universal reconvertido en villano de aventura contemporánea.
- Dirección: Stephen Sommers, responsable también del libreto junto a Lloyd Fonvielle, Kevin Jarre y Alan B. McElroy.
- Protagonistas: Brendan Fraser como Rick O'Connell y Rachel Weisz como Evelyn Carnahan, con Arnold Vosloo en el papel del sacerdote Imhotep.
- Estreno: 1999, dando arranque a una trilogía que continuó con El regreso de la momia en 2001 y cerró con La momia: La tumba del emperador Dragón en 2008, esta última ya con Jet Li como antagonista.
- Fórmula: cruce explícito de aventura, romance y terror con guiños al cine de Indiana Jones, donde el hallazgo arqueológico funciona como detonante de la amenaza sobrenatural.
Por qué sigue siendo una película para revisitar
Lo que distingue a esta entrega dentro del cine de aventuras de fines de los noventa es la manera en que Sommers decide anclar el terror en el vínculo entre los protagonistas: Imhotep es el motor del conflicto, pero la película late sobre todo por la química entre Fraser y Weisz, que pasaron del repelente inicial al enamoramiento mientras huían de plagas de escarabajos y arenas movedizas. Por eso sigue siendo una de esas cintas que se vuelven a ver sin que el paso del tiempo le quite brillo, sobre todo para quienes crecieron alquilándola en video y hoy la buscan de nuevo en los catálogos de streaming.
Antes de subir al colectivo, una chica que se iba con dos amigas me dijo algo que se me quedó grabado: la miré por última vez a los dieciséis y ahora quiero ver si me sigue gustando igual, me dijo, mientras guardaba la entrada en la cartera como quien guarda una foto de la adolescencia.
