Carrie vuelve a la pantalla, ahora en formato largo y con el bullying digital como protagonista
La nueva miniserie de Mike Flanagan para Prime Video reimagina a Stephen King en ocho episodios que piensan los vínculos adolescentes y la crueldad en redes sociales
Yo la vi primero de reojo, cruzando el pasillo hacia la sala seis del complejo de avenida Corrientes, el mismo donde los viernes a la noche se congrega la platea más curiosa del circuito de cine de terror: un señor de barba canosa que llevaba una remera negra con el rostro de Stephen King estampado, y que antes de la función le contó a su acompañante, con la naturalidad de quien comenta el resultado de un partido, que había leído Carrie a los catorce años y que todavía le daba escalofríos el momento de la fiesta del colegio. Esa imagen, la de un fan de toda la vida frente a una nueva versión de la historia, es probablemente la mejor manera de entrar a la miniserie que Mike Flanagan prepara para Prime Video, con estreno previsto para el 7 de octubre, ocho episodios y Summer H. Howell en el papel central de la joven White.
El reparto adulto reúne a Amber Midthunder, que se pone en la piel de una profesora del instituto Thomas Ewen, y a Matthew Lillard como el director de la escuela, dos figuras que Flanagan ubica como contrapeso institucional frente al acoso que sufre Carrie. Entre las estudiantes se destacan Alison Thornton y Josie Totah, cuyas personagens forman parte del grupo que hostiga a la protagonista, y la serie se detiene especialmente en los mecanismos del bullying y, sobre todo, en su proyección actual a través de las redes sociales.
El bullying ya no termina cuando suena el timbre
Porque una de las claves de esta adaptación es justamente esa: la crueldad que en la novela de 1974 y en la película de De Palma quedaba confinada al aula y al pasillo hoy se extiende a los teléfonos, cruza la noche y llega hasta el comedor de la casa. Thornton lo explicó con una frase que a mí me resonó mucho como vieja lectora de King: el acoso digital expone a las víctimas más allá del horario escolar y las alcanza también a través de otras personas de la comunidad, una lógica que Midthunder retomó al recordar que ese entorno condiciona los vínculos y las decisiones de los chicos.
Flanagan, que ya había llevado al cine El juego de Gerald, Doctor Sleep y La vida de Chuck, y que en televisión se consagró con La maldición de Hill House y Misa de medianoche, propone aquí un formato que le permite repartir la atención entre alumnos, familias y docentes, tal como lo resumió Lillard al señalar que cada grupo adulto intenta orientar a los jóvenes mientras actúa con sus propios intereses. Totah, por su parte, contó que pudo explorar rasgos de su personaje que en versiones anteriores habían quedado en segundo plano, mientras que Thornton habló de la necesidad de entender las motivaciones detrás de la crueldad de Chris. Con esa arquitectura, la serie busca volver a un clásico sin dejar de hablarle a una generación que conoce el acoso desde la pantalla del celular.
Al salir de la avant premiere, mientras la gente se enredaba con los buzos y los guardacoches gritaban patentes, escuché a un chico de unos veinte años que le decía a su madre, todavía con el pelo revuelto de la butaca: «Ahora entiendo por qué mi vieja me decía que dejara el celular en la mesa a la hora de comer». Y la madre, seca, le respondió: «Bienvenido, hijo, bienvenido».
