Casi la mitad de los consultados dejó pasar ofertas por la obligación de ir a la oficina
Un relevamiento de Bumeran con más de 3.000 participantes muestra que los gastos de trasladarse, comer fuera y vestirse para trabajar pesan a la hora de evaluar propuestas. El formato híbrido concentra la mayor preferencia y la mayoría dice que la modalidad la decide la empresa, sin margen para negociar.
Ir todos los días a la oficina tiene un costo que muchos trabajadores empiezan a medir con la misma atención que el salario. La posibilidad de recortar gastos de transporte, comidas y vestimenta pesa a la hora de aceptar o rechazar una propuesta laboral, según el estudio 100% Presencialidad que elaboró el portal de empleos Bumeran con más de 3.000 participantes, entre empleados y especialistas en recursos humanos.
Lo que se ahorra al no ir a la oficina
Entre quienes se inclinan por un esquema remoto o por combinar casa y oficina, el 73% mencionó como motivo principal la reducción de desembolsos asociados a la asistencia presencial, una categoría que incluye traslados, comida fuera del hogar, ropa y otros consumos cotidianos. El 83% puso el acento específicamente en el ahorro en traslados, mientras que el 77% valoró la posibilidad de compatibilizar mejor el empleo con su vida personal y el 63% destacó la organización de los propios horarios.
- 73% destacó la baja de gastos generales al no ir todos los días.
- 83% mencionó el ahorro en traslados como beneficio concreto.
- 77% valoró la mejor compatibilidad entre trabajo y vida personal.
- 63% ponderó la organización de los horarios.
- 49% de quienes prefieren la oficina rescataron el vínculo con los compañeros.
- 45% resaltaron la facilidad para comunicarse y trabajar en equipo.
El dato más elocuente del relevamiento es que el 48% de los trabajadores consultados rechazó alguna oferta por la modalidad de asistencia exigida. El 39% descartó propuestas que requerían presencialidad plena y otro 9% dejó pasar puestos que pedían cierta presencia en la oficina. En el resto de los casos, el 50% nunca había desestimado una oportunidad por ese motivo y un 2% había rechazado un puesto por ser enteramente remoto. Aun entre quienes todavía no dijeron que no, el 64% afirmó que rechazaría una propuesta que no coincidiera con su esquema ideal.
La posibilidad de elegir, sin embargo, sigue siendo acotada. El 73% de los encuestados indicó que la modalidad vigente la fija la organización por decisión unilateral, el 7% señaló que hubo una definición conjunta con la empresa, el 11% explicó que la resolución corresponde a cada equipo y apenas el 9% afirmó que puede resolverla de manera individual. El mapa actual muestra al formato híbrido con el 47% de los trabajadores relevados, seguido por el presencial con el 33% y el remoto con el 20%. Si pudieran escoger, el reparto se inclinaría hacia el 51% que combinaría hogar y oficina, el 41% que trabajaría a distancia y un 8% que asistiría todos los días.
Los argumentos de quienes defienden la oficina tampoco son menores. El 49% de ese grupo destacó el vínculo con los compañeros, el 45% mencionó las facilidades para comunicarse y trabajar en equipo, y el 39% mencionó tanto el acceso a recursos de la empresa como la separación entre empleo y vida personal. La discusión, en definitiva, no pasa solo por productividad o por costumbre: pasa por plata, por tiempo y por quién decide cómo se trabaja, un punto en el que la mayoría de los encuestados reconoce que la última palabra todavía la tiene la patronal.
