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Cerúndolo y Etcheverry reventaron la tercera ronda y le devolvieron a la Argentina una foto que no se veía desde la era Del Potro–Schwartzman

Dos tenistas argentinos en octavos del US Open después de nueve años de sequía: Cerúndolo lo ganó de atrás ante un top 10 y Etcheverry pasó sin ceder un set frente a Navone

Por Federico PaoliniDeportes · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

El dobles de argentinos en los octavos del US Open vuelve a ser una realidad. Francisco Cerúndolo y Tomás Etcheverry superaron la tercera ronda del último Grand Slam del año y, por primera vez desde 2017, la Argentina tiene a dos compatriotas entre los dieciséis mejores del torneo neoyorquino.

Aquella vez fueron Juan Martín del Potro y Diego Schwartzman. Del Potro barrió al español Roberto Bautista Agut por 6-3, 6-4 y 6-4, y el Peque venció al croata Marin Cilic por 4-6, 7-5, 7-5 y 6-4. Ahora, nueve años después, la historia se repite con otras caras pero con el mismo ADN: dos argentinos aguantando en el torneo más exigente del circuito.

55 a 3-6, 4-6: la remontada de Cerúndolo

El porteño, número 25 del ranking, fue protagonista del comeback del torneo. Cayo 3-6 y 4-6 ante el local Taylor Fritz, noveno del mundo y candidato firme en Flushing Meadows, y de pronto le encendió el motor: ganó 6-3, 6-4 y 6-4 para meterse por primera vez en octavos del US Open.

Etcheverry, con elástico y sin ceder sets

Un día antes, el platense Etcheverry, 32°, ya había abierto el camino al derrotar a su compatriota Mariano Navone (49°) por 6-4, 6-4 y 6-3. Partido limpio, sin ceder un parcial, con la derecha afilada y el saque haciendo el resto.

Los cruces ya están en la pizarra. Etcheverry juega este domingo ante el estadounidense Alex Michelsen (46°), que viene de superar al español Daniel Mérida en tres sets. Cerúndolo, en tanto, espera por su rival: se define este lunes en el cruce entre el italiano Flavio Cobolli y el belga Alexander Blockx.

Por lo pronto, el dobles de representación ya está. Y en Nueva York, donde la noche pesa distinto cuando hay un argentino en cancha, vuelve a haber lugar para soñar. ¿Habrá semifinal albiceleste? Para eso falta. Pero el primer paso, el de los nombres propios en el cuadro, ya está dado. En el vestuario quedó una certeza: hace nueve años que la Argentina no tenía un domingo así en Flushing. Y la ilusión, como siempre en esta camada, vuela bajo.

FP

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