David Janer cambia de siglo y de perfume: ahora edifica en «Sueños de libertad»
El actor catalán se mete en la piel de Josema, un arquitecto llegado de Barcelona que promete desordenar las lealtades de la familia De la Reina. Reencuentros, oficio y pasado a cuestas, en una nueva vuelta de tuerca para la serie diaria.
Lo vi llegar al set con esa mezcla de cansancio europeo y sonrisa cómplice que tienen los catalanes cuando vuelven a saludar a los suyos. David Janer se acomodó entre cámaras, luces y un runrún de vestuario que ya conocía de memoria, y yo, que llevaba un rato observándolo desde la puerta, supe antes de que arrancara la primera toma que algo había cambiado en él. No era el galán de capa y espada que se plantó durante nueve temporadas frente a los seis millones de seguidores de «Águila Roja», ni el muchachito de la sonrisa contenida que sostuvo a Guillermo Galán Barrios a lo largo de 658 episodios de «Amar es para siempre». Era un hombre que volvía a un idioma laboral que le es propio, el de la serie diaria, pero con un oficio distinto entre las manos: ahora le tocaba levantar paredes, diseñar planos y, sobre todo, construir un personaje que llegará para complicarle la vida a la poderosa familia dueña de Perfumerías De la Reina en «Sueños de libertad».
Un arquitecto con pasado y con olor a desencuentro
El personaje se llama Josema, según me confirmaron en la producción, y fue pensado como un arquitecto refinado y melancólico que arriba desde Barcelona con carpeta bajo el brazo y fantasmas personales a la rastra. La idea de construir atraviesa literalmente su oficio y también, claro, el recorrido que le proponen los guiones: cada plano que dibuje, cada reforma que sugiera, será un pretexto para que se crucen viejas rencillas, alianzas dormidas y heridas que la familia creía cicatrizadas. Para Janer, ese doble sentido entre la arquitectura y la arquitectura del alma no es un detalle menor. «Los asuntos del pasado vuelven a moverse cuando uno se relaciona con los demás», explicó, y al escucharlo me quedó la sensación de que estaba describiendo a su personaje y, casi sin querer, también a sí mismo, con tantos años de ficción a cuestas.
- Nombre del personaje: Josema, arquitecto llegado desde Barcelona.
- Función en la trama: incidirá en el futuro de Perfumerías De la Reina y tensionará los vínculos familiares.
- Antecedente inmediato en series diarias: Guillermo Galán Barrios en «Amar es para siempre», durante 658 episodios.
- Otro antecedente de peso: Gonzalo de Montalvo en «Águila Roja», nueve temporadas, 116 episodios, emisión final el 27 de octubre de 2016 y picos de más de seis millones de espectadores.
- Vínculo clave con la nueva producción: coincide con parte del equipo técnico de su anterior serie diaria, lo que aceleró su adaptación.
Hablando justamente de eso, de equipos que se conocen, Janer me reconoció con franqueza que reencontrarse con profesionales de cámara, maquillaje, peluquería y vestuario le permitió sentirse cómodo desde el primer día, algo que, según sus propias palabras, no siempre pasa cuando se arranca con un grupo. Esta vez, en cambio, la dinámica le salió casi automática, como si los años de compartir pasillo y horarios le hubieran ahorrado el fatigoso trámite de las presentaciones. No es un detalle menor: en una serie diaria, donde se graban varios capítulos por semana y cada jornada pesa en la espalda, esa familiaridad se nota en la pantalla. El propio actor lo entiende así y, al ser consultado sobre cuánto le gustaría quedarse, no esquivó la respuesta: «Ojalá pueda estar tanto como en mi anterior ficción diaria», deslizó, dejando en claro que el techo lo pondrán los guiones, no su cansancio.
Mientras lo escuchaba pensé que en definitiva eso es lo que vuelve atractivo a este formato, y fue el propio Janer quien lo puso en palabras: las contradicciones, las alegrías y los dolores de la vida cotidiana. No hay máscara histórica ni capa de telar, hay un hombre que llega de otra ciudad con un título profesional y con las manos llenas de recuerdos, y una familia que deberá decidir si lo recibe como aliado o como a un intruso. A la salida, una compañera de prensa que esperaba su remise me dijo al oído, con esa sinceridad que solo aparece cuando la jornada ya terminó: «Mirá, a mí me gusta cuando los personajes nuevos incomodan, porque sino la serie se duerme». Y la verdad, le doy la razón.
