Dormir entre paredes del siglo XVIII y copear con vista al Castelo: el hotel que es un viaje a la Lisboa previa al terremoto
El Palácio Ludovice abrió como hotel en 2022 tras una restauración de más de una década. Queda en el triángulo dorado entre Chiado, Bairro Alto y Príncipe Real, y su propuesta gira alrededor del vino portugués.
Arranco con la buena noticia para los que están pensando en Lisboa: el finde largo viene con ocupación hotelera alta en el centro histórico y la zona del Chiado trabaja casi a tope, igual que el año pasado por estas fechas, cuando el Palácio Ludovice ya figuraba entre los preferidos de los argentinos que cruzan el Atlántico.
Lo que pasa es que este edificio no es un hotel cualquiera. Es un palacio de 1747, obra del orfebre alemán João Frederico Ludovice, que se ganó la confianza del rey João V y terminó siendo el arquitecto de la corona. La misma persona que después firmó el palacio-convento de Mafra, la mole descomunal que queda a unos 40 minutos de la capital y que es una excursión perfecta para estirar la estadía.
Un palacio que sobrevivió al terremoto de 1755
Cuentan los que lo visitaron que caminar por sus pasillos es meterse en la Lisboa de antes del gran sacudón. La fachada aguantó el terremoto que devastó la ciudad, y eso ya es un dato que a mí, cada vez que lo recuerdo, me eriza la piel. Antes de recibir huéspedes, el inmueble fue residencia aristocrática, consulado y la sede del Solar do Vinho do Porto, el bar que el Instituto del Vino de Oporto tuvo allí durante décadas.
La restauración la firmó Miguel Câncio Martins y demandó más de diez años. En 2022 abrió por fin con 61 habitaciones, restaurante, spa y una tienda de vinos del Instituto dos Vinhos do Douro e do Porto que funciona al lado de la recepción. Cada tarde, los huéspedes reciben en su habitación una copa y algo para picar, un detalle que a los argentinos nos gusta bastante porque nos resuelve la previa sin movernos del cuarto.
Cómo armar el recorrido a pie
Lo mejor del Ludovice es dónde está parado: en el cruce de Chiado, Bairro Alto y Príncipe Real, justo enfrente del Miradouro de São Pedro de Alcântara. Desde ese mirador se ve la Baixa, el sector que se reconstruyó con calles en cuadrícula tras el terremoto, y allá al fondo el castillo de São Jorge. La foto vale la pausa.
- Bajar cuesta abajo hasta la Igreja de São Roque y asomarse a la capilla que el rey João V mandó hacer en Roma y que llegó a Lisboa por piezas, embalada y ensamblada acá.
- Seguir hasta el Convento do Carmo, cuyas ruinas sin techo siguen mostrando las marcas del terremoto de 1755.
- Tomar la Rua Dom Pedro V hacia el jardim do Príncipe Real, sentarse bajo el cedro gigante y pedir un café en alguno de los bares de la cuadra.
- Guardarse la noche para Bairro Alto: calles angostas, bares de paso y pequeñas tabernas donde suena el fado hasta tarde.
Todo eso está a pocos minutos caminando, aunque ojo: Lisboa se banca en pendiente, así que calzado cómodo y poca vergüenza para parar a tomar agua.
Dónde comer y cómo llegar
El restaurante del hotel se llama Federico y mezcla cocina portuguesa contemporánea con toques franceses, usando la bodega del propio palacio. Si prefieren salir, mi recomendación concreta es almorzar o cenar en el Taberna da Rua das Flores, en el corazón de Chiado: cocina portuguesa de mercado, sin vueltas, y un puñado de mesas que suelen llenarse temprano. Para los golosos, la pastelería Manteigaria queda a pocas cuadras y los pasteles de nata salen calientes todo el tiempo.
Desde Buenos Aires, las opciones de vuelo que aparecen en el material incluyen escalas en San Pablo, Río de Janeiro, Madrid, París, Frankfurt y Ámsterdam. Las pendientes y el Atlántico hacen el resto: uno llega, se entrega al mirador y entiende por qué este palacio tardó diez años en volver a abrir sus puertas.
