El duelo que canta: Piñeiro vuelve con una novela sobre editar a una amiga muerta
La escritora argentina presenta El canto invisible, una historia que cruza ornitología, trabajo editorial y un secreto que cambia todo. Sale por Alfaguara y se lee como una carta de amor a los vínculos de toda la vida.
Acá me hago una pausa entre notas de temporada para contarles lo que me movilizó esta semana: Claudia Piñeiro vuelve a las librerías con El canto invisible, su novela más reciente, editada por Alfaguara. Y no es una novela más. Es un libro que se mete con la amistad de décadas, con la muerte y con ese trabajo silencioso que casi nadie ve: el de editar un libro ajeno.
Una editora frente al manuscrito de su amiga
La protagonista es Julia Muntaner, una editora de 64 años que tiene entre manos la misión más difícil de su carrera: ordenar y publicar el libro póstumo de Marina Martinelli, una bióloga brillante que murió en un accidente de tránsito. Marina investigaba el canto de las aves y era, según la propia novela, una de las investigadoras más importantes del país en su campo. A medida que Julia trabaja el manuscrito, empieza a recordar, a charlar con su amiga en la cabeza y a descubrir datos que la obligan a repensar quién fue Marina en realidad.
Lo que más me gusta, y se los digo en primera persona, es cómo Piñeiro corre la cámara del duelo íntimo a algo más grande: la amistad entre mujeres maduras, esas que ya se conocen desde los veinte y se bancan los naufragios sin pedir permiso. La novela no empuja el golpe bajo. Lo deja caer, con esa prosa prolija y precisa que la autora viene labrando desde hace años.
Un oficio invisible y un canto que también lo es
La edición como tema central es una declaración de principios. Piñeiro contó que Julia Muntaner reúne rasgos de editoras que la acompañaron a lo largo de su camino: Julia Saltzmann, Julieta Obedman, Ana Laura Pérez, Gabriela Franco y Magalí Etchebarne. Ponerles nombre, aunque sea ficcionalizado, es un gesto de justicia para un trabajo que rara vez se nota en la tapa de un libro.
El costado ornitológico nació, según contó la propia autora, de una aplicación para el celular que identifica aves por el sonido. Se topó con ella en una cena en Madrid y después se pasó tardes reconociendo pájaros desde la ventana. La herramienta se llama Merlin Bird ID y la desarrolla el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. A partir de ese interés, Piñeiro fue armando la investigación que sostiene a Marina Martinelli como personaje.
- El canto de las hembras: la autora se topó con el prejuicio de que solo los machos cantan y lo cruzó con la historia real.
- Un glosario de ornitólogas al final del libro, para reparar de algún modo esa omisión.
- La bióloga Marina Martinelli como puente entre ciencia y literatura.
- La editora Julia Muntaner como retrato compuesto de cinco profesionales reales.
Si el año pasado por esta fecha andaban buscando una novela para terminar el verano, este 2026 la apuesta es otra: una historia que pide lecturas tranquilas, ideal para la siesta o para una sobremesa larga. Piñeiro sigue activa y con varios frentes abiertos: este año también publicó Mi miedo xixi, un libro ilustrado para chicos, y participó en adaptaciones teatrales de Como bestias, de Violaine Bérot, y de Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig.
Y antes de irme, una pregunta que me quedó dando vueltas: ¿qué historias de amistad, de esas que te cambiaron la vida, volverían a leer una y otra vez? Me quedo pensando en la mía mientras les sugiero un alto en el camino: si andan por Buenos Aires, prueben almorzar en la clásica confitería del barrio de Congreso, un lugar de mesa larga y milanesas generosas, para terminar la nota con el mismo espíritu cálido de esta novela. Nos leemos la próxima.
