El fantasma del surtidor: cuánto más podría costar llenar el tanque si se completa la poda impositiva pendiente
Un informe del Grupo de Estudios de Economistas Geres advierte que la nafta súper treparía hasta los 2.318 pesos por litro en el Gran Buenos Aires y el gasoil grado 3 rozaría los 2.477, siempre y cuando se terminen de trasladar al precio final los ajustes tributarios que quedaron a medio camino. Las cifras son hipotéticas y dependen de cuánto decidan absorber las petroleras.
La advertencia no es nueva, pero esta vez llega con números finos y con el papel membrete de un equipo técnico que suele mirar la economía con lupa. El Grupo de Estudios de Economistas Geres difundió un trabajo en el que estima que, si se terminaran de aplicar los ajustes impositivos pendientes sobre los combustibles, la nafta súper podría saltar de los 2.085 pesos por litro hasta los 2.318 pesos en el Gran Buenos Aires, lo que representa un incremento del 11,2 por ciento. Para el gasoil grado 3, el recorrido sería más corto en términos porcentuales pero igualmente sensible: partiría de 2.375 pesos y llegaría a 2.477 pesos, con una suba del 4,3 por ciento.
Lo que está en juego no es sólo el precio de un litro aislado, sino lo que esa diferencia significa cuando se traduce a la vida cotidiana de quien tiene que cargar un tanque. El propio informe dimensiona el impacto: llenar el depósito con nafta súper costaría cerca de 11.600 pesos más que en la actualidad, mientras que en el caso del gasoil grado 3 la diferencia rondaría los 5.100 pesos. Son montos que, en un escenario inflacionario todavía cargado, golpean de lleno en el bolsillo de quienes usan el vehículo a diario, ya sea para trabajar, para llevar a los chicos a la escuela o para sostener un comercio barrial.
Por qué la suba de la súper duplica en porcentaje a la del gasoil
La explicación está en los impuestos que aún no se actualizaron. En la nafta súper, el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el Impuesto al Dióxido de Carbono suman hoy 411,45 pesos por litro dentro del esquema considerado por Geres. Si se aplicara por completo la actualización por el índice de precios al consumidor, ese componente treparía hasta los 676,44 pesos. La diferencia, una vez descontada la participación de los biocombustibles en la mezcla, se traduce en 233,19 pesos por litro pendientes de traslado.
En el gasoil grado 3 el cuadro es distinto: la carga impositiva inicial sin actualizar llega a 110,26 pesos por litro y, tras considerar la mezcla con biodiesel, queda en 101,99 pesos. Por eso el salto porcentual es más moderado, aunque no por eso menos relevante para el transportista, el productor agropecuario o el dueño de una pickup que mueve carga en la zona metropolitana.
Lo que falta para que esos valores lleguen al surtidor
- Que el Gobierno nacional complete los ajustes impositivos que quedaron pendientes en los esquemas del Impuesto a los Combustibles Líquidos y del Impuesto al Dióxido de Carbono, actualizándolos por inflación acumulada.
- Que las empresas petroleras trasladen la totalidad de esa carga al precio de venta al público. Si absorben una porción, el impacto final en el consumidor será menor al calculado por Geres.
- Que se mantengan estables las otras variables que componen el precio final, como el valor internacional del crudo, el tipo de cambio y los márgenes de refinación y comercialización, que pueden empujar la cifra hacia arriba o hacia abajo.
“Acá hay un dato que no se puede mirar de costado: entre nafta y gasoil estamos hablando de un agujero extra de casi 16.700 pesos cada vez que un trabajador o una Pyme decide cargar el tanque completo, y eso en un contexto donde el salario todavía corre de atrás a la inflación.”Mariano Etcheverry, desde Puerto y pesca
El informe de Geres se apoya en información de ARCA y de la Secretaría de Energía, y por eso mismo funciona como una radiografía bastante acabada de lo que podría pasar si el Ejecutivo decide avanzar con la actualización plena de los tributos congelados. Hasta tanto eso no ocurra, los 2.318 y los 2.477 pesos por litro son sólo una referencia teórica, un techo potencial que sirve para dimensionar el costo de oportunidad de cada postergación. La pregunta de fondo, en definitiva, no es sólo cuánto más pagaría el conductor en el surtidor, sino hasta cuándo podrá la política económica seguir pateando hacia adelante una decisión que, tarde o temprano, terminará impactando en la calle.
Porque, como repite un viejo capitán de la banquina chaqueña mientras observa cómo entran y salen los barcos con el combustible justo: «Cuando el río sube, el que maneja la lancha siente primero la correntada; el que decide desde la orilla se entera mucho después». En este caso, el río son los impuestos, la lancha es el consumidor y la orilla es la mesa chica donde se debate si se completa, o no, el ajuste pendiente.
