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Ellen Burstyn tiene 93 años y mueve el cuerpo todos los días: qué se puede tomar de su rutina y qué no

La actriz camina, va al gimnasio y entrena fuerza con un preparador físico. Tiene artritis y dos fracturas de muñeca en su historial. Especialistas consultados remarcan que su caso sirve de inspiración, pero no como molde para copiar sin más.

Por Camila ZárateUniversidad y ciencia · 22 de septiembre de 2026 · hace 2 h

A los 93 años, Ellen Burstyn sigue armando cada mañana una rutina que combina caminatas, gimnasio y trabajo con un preparador físico. "Camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio y me cuido", dijo ella misma, en una frase corta que condensa una forma de envejecer bastante activa. La pregunta cae sola: ¿se puede hacer lo mismo a esa edad, con un cuerpo que arrastra los achaques propios del calendario?

Caminar no es lo mismo que hacer fuerza

Pongamos las cosas en orden, porque mezclar todo en una bolsa lleva a errores. Caminar es moverse a un paso más o menos sostenido, el tipo de actividad que se hace cuando uno sale a buscar el pan, lleva al perro a la esquina o se baja una parada antes del colectivo. Es muy bueno para el corazón y para la cabeza, pero no trabaja del mismo modo los músculos. La fuerza, en cambio, es lo que uno usa cuando se levanta de una silla cargando una bolsa pesada, cuando abre un frasco o cuando esquiva un pozo en la vereda y no se cae. Son tareas distintas, y por eso los especialistas insisten en no quedarse solo con la caminata.

Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva y responsable del Programa de Medicina del Estilo de Vida de la Cleveland Clinic, lo explica con una imagen bastante útil: fortalecer los glúteos, esos músculos grandes que tenemos en la cola y la parte de atrás del muslo, ayuda a que el cuerpo se mantenga firme cuando uno está parado o camina, igual que una base ancha sostiene mejor un jarrín alto. Esa estabilidad es la que, en la vida diaria, ayuda a que un abuelo o una abuela se caiga menos.

Qué se puede copiar y qué no

Hay un dato clave que no se puede pasar por alto: Burstyn tuvo dos fracturas de muñeca, usa una férula en una mano y vive con artritis. Eso significa que su rutina es personal, ajustada a su historial y a sus limitaciones. Cualquier persona con fracturas previas, dolores que vuelven, enfermedades crónicas o inseguridades para mantener el equilibrio tiene que consultar antes de empezar a levantar peso o hacer fuerza con el cuerpo. Esa charla puede hacerse con el médico de cabecera, con un kinesiólogo o con un profesor de educación física capacitado en personas mayores.

“Su rutina es personal, ajustada a su historial y a sus limitaciones. Copiarla sin más es un error.”La observación de los especialistas sobre el caso de Ellen Burstyn
  • Pararse desde una silla sin apoyar las manos en los reposabrazos ni en las rodillas.
  • Elevarse sobre las puntas de los pies, sosteniéndose de algo firme si hace falta.
  • Hacer remos con una banda elástica, como si uno tirara hacia atrás de los codos.
  • Apoyarse en una superficie firme y elevada para hacer flexiones inclinadas, que son más suaves que las clásicas en el piso.

Cualquiera de esos movimientos se puede adaptar: la silla puede ser más alta, la banda más o menos dura, el apoyo más o menos estable. La idea es simple y vale la pena repetirla: la técnica y la seguridad mandan, mucho antes que la cantidad de repeticiones o la velocidad.

Le pedí a Valentina, una becaria del equipo de 22 años, que se siente en una silla del diario y probara el primer movimiento, pararse sin apoyar las manos. "Me temblaron las piernas y la espalda se me fue para atrás", me dijo, medio risueña. Su conclusión fue la misma que firmarían los especialistas: arrancar de a poco y con buena letra, no imitar a nadie en una semana.

Burstyn no empezó tarde: cambió de hábitos cerca de los 40, mantiene una alimentación vegetariana y dejó el cigarrillo y el alcohol hace décadas. Además, sigue trabajando, lee, recibe gente en su casa y va a conciertos. El cuerpo en movimiento aparece como una pieza más de esa vida, no como un programa aislado.

¿Y eso para qué sirve?

Sirve para algo muy concreto y muy de todos los días: levantarse del inodoro sin pedir ayuda, cruzar una calle mojada sin caerse, cargar las bolsas del súper hasta la cocina. La fuerza bien entrenada en la mediana edad y en los años posteriores es, en buen romance, lo que sostiene la independencia. Caminar alimenta el corazón y la cabeza. Levantar peso, empujar una banda elástica, pararse desde una silla bien hecho, alimenta la autonomía. Y autonomía, a los 50, a los 60, a los 70 y, por qué no, también a los 93, es la mejor herencia que uno puede labrarse con el cuerpo.

CZ
Camila ZárateUniversidad y ciencia

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