Fito Páez se cruzó con la custodia en Mar del Plata y dejó al estadio pensando qué hacer con las plateas
Lo vi desde la popular, casi pegado al alambrado, a un señor de unos setenta y largos, con un buzo azul y una sonrisa enorme, que se quedó parado con las manos en la cintura mientras Fito Páez dejaba el micrófono en el atril y miraba fijo hacia el fondo de la cancha. A su lado, una chica joven le decía algo al oído, pero el tipo no le contestaba, estaba pendiente del escenario, como si quisiera entender bien qué estaba pasando ahí arriba, porque lo que estaba pasando ahí arriba era, ni más ni menos, que el músico rosarino se había parado en medio de un tema para recriminarle al personal de seguridad el trato que le estaba dando al público en el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata, en una noche que se esperaba festiva y que terminó dejando más preguntas que respuestas sobre cómo se organiza la convivencia en un recital con localidades numeradas.
La cuestión de fondo, lo confieso, me la terminó de aclarar un amigo que trabaja en producción de recitales y que me mandó un audio largo mientras yo bajaba del remise: en cualquier show con plateas y sectores diferenciados hay una pulseada permanente entre la gente que pagó una fila más barata y la gente que quiere, siempre, estar lo más cerca del escenario posible. Por eso, me dijo, el operativo de seguridad tiene la orden de impedir que alguien abandone su localidad para ocupar un lugar mejor, y para eso puede pedirle a la gente que vuelva a su asiento, que no avance, o que se quede donde le corresponde, y en eso, según lo que se vio y se contó después, es donde falló la noche del Polideportivo.
Lo que dijo Fito y qué respondió la producción
Páez, que venía en medio de un setlist que incluía clásicos y canciones nuevas, frenó la música y se acercó al borde del escenario para mirar hacia la zona donde se estaba produciendo el problema, y entonces lanzó una frase que ya recorre los celulares de la ciudad entera: "No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente", dijo, y enseguida le pidió al público que no se dejara "avasallar", en un tono que no era de enojo sino más bien de pedido, casi de súplica, como el que le hace un padre a un hijo para que no se deje pasar por encima en ningún sentido de la palabra.
Desde la producción, en tanto, reconocieron ante distintos medios que el operativo tenía como objetivo que cada espectador pudiera levantarse y bailar dentro de la localidad que había comprado, y no en otra, y admitieron también que algunos efectivos de seguridad pueden haber interpretado, mal, que la orden era mantener a la gente sentada a la fuerza. Indicaciones, dijeron, se corrigieron durante el mismo show para que el recital pudiera seguir y la gente pudiera pararse a cantar, que es, en definitiva, para lo que la mayoría había ido hasta el Polideportivo Islas Malvinas en una noche de sábado que terminó, igual, con Fito Páez repitiendo el tema en sus redes, donde sostuvo su postura: "Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre".
Después del show, un debate que recién empieza
- ……La producción aclaró que el personal de seguridad cuestionado por Páez no había sido contratado por los representantes del músico.
- ……Algunos asistentes se quejaron por la interrupción del show y por la reacción del artista en medio del concierto.
- ……Otros espectadores reclamaron que se respetaran los asientos comprados y cuestionaron a quienes avanzaban desde filas posteriores hacia el escenario.
- ……El recital siguió sin otros incidentes vinculados con el operativo de seguridad, según confirmó la organización.
- ……Páez volvió a hablar del episodio en sus cuentas oficiales y mantuvo su postura sobre lo que consideró un trato inadecuado hacia el público.
Me fui del Polideportivo pensando en ese señor del buzo azul que seguía parado, en la chica que no podía convencerlo de moverse, y en la cantidad de veces que uno, en la calle, escucha la misma discusión: la de cómo convivimos en un espacio público sin pasarnos por encima, sin que nadie toque a nadie, sin que nadie se quede sin lo que pagó. A la salida, una mujer de unos cincuenta, con un pañuelo verde al cuello, me dijo mientras buscaba el remise: "Mirá, yo pago la fila que me toca, no me voy a correr a la de adelante, pero quiero poder pararme a cantar, ¿o eso tampoco se puede?". Me subió al auto y se fue. Yo me quedé pensando que, en el fondo, esa frase era todo el debate.
