Saltar al contenido
Domingo, 4 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Turismo ›
Turismo /

Garbanzos al horno con tahini: la ensalada templada que se banca el frío porteño

Zanahoria en láminas, verdeo fresco y una salsa cremosa de sésamo que se arma en un minuto. Sale del horno en media hora y se come tibia, con hojas verdes o un buen plato de arroz blanco al lado.

Por Lucía CattaneoTurismo y temporada · · hace 2 h
Garbanzos al horno con tahini: la ensalada templada que se banca el frío porteño

A confesión de parte: cuando el termómetro de Buenos Aires empieza a bajar de los 15 grados, mi cocina empieza a oler a horno encendido. Y si hay algo que me salva la cena entre semana sin gastar una fortuna ni quedar pegada a la sartén, es esta ensalada templada de garbanzos y zanahoria que sale del horno en 30 minutos y se corona con una salsa de tahini que parece comprada en un local de comida árabe del centro.

Una base que siempre funciona

La receta es de manual: garbanzos ya cocidos como ancla, unas zanahorias cortadas en láminas finas y cebolla de verdeo que va a la fuente cruda, directo, sin prepo. Se acomodan en una fuente para horno, se espolvorean con pimentón, jengibre, orégano, sal y pimienta, y se rocían con dos cucharadas de aceite de oliva. Después viene la parte más importante: mezclar bien con las manos o con una cuchara para que cada chickpeas y cada feta de zanahoria se impregne de los condimentos. Al horno, 30 minutos, con un reviro a los 15 para que no se pegue nada al fondo.

  • Garbanzos cocidos (un tarro o dos, según el hambre)
  • Dos zanahorias cortadas en láminas delgadas
  • Cebolla de verdeo picada, con su parte verde incluida
  • Pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal y pimienta
  • Dos cucharadas de aceite de oliva

La salsa de tahini: cuatro ingredientes, cero complicación

Mientras el horno hace lo suyo, en un bol chico se mezclan una buena cucharada de tahini, el jugo de medio limón, un chorrito de salsa de soja y una más de aceite de oliva. Se suma agua caliente y se bate con ganas. Acá va el truco que a mí me voló la cabeza la primera vez: al principio parece que se cortó, como si fuera mayonesa que se fue al diablo, pero si seguís revolviendo un minuto más, la mezcla se transforma en una crema lisa, sedosa, de un blanco lechoso. Esa es la magia del sésamo bien batido.

Cuando la fuente sale del horno, se vuelca la salsa por los garbanzos todavía humeantes, se da otra mezclada para que se impregne todo y se termina con pimienta negra recién molida y unas gotitas de aceite de sésamo, ese que tiene el aroma intenso y va de a poco porque pisa fuerte.

Con qué acompañarla: las tres salidas que probé

  • Con un puñado de hojas verdes (rúcula, espinaca baby o mezcla primaveral) para una versión liviana que entra bien un martes a la noche.
  • Con una porción de arroz blanco, integral o quinoa, para convertirla en plato único bien llenador.
  • Con crackers de semillas al costado, sin sumar nada más, para llevar al living y comer mirando una serie.

La disfrute tibia, no caliente, porque así la salsa de tahini mantiene su textura cremosa y la zanahoria se deja morder sin quemarse el paladar. Y si sobra, al día siguiente está todavía mejor: los sabores se asientan y el verdeo se vuelve más amable.

Un dato para los que miran el bolsillo: con un tarro de garbanzos, dos zanahorias y el tahini que siempre tengo en la heladera, el costo por plato no supera los 2.500 pesos bien estirados. Es, probablemente, la comida caliente más rendidora que preparé en lo que va del otoño.

LC
Lucía CattaneoTurismo y temporada

Te puede interesar