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La advertencia de los especialistas de Yale: la cafeína puede profundizar el cansancio y el insomnio en los adolescentes argentinos

Neumonólogas, psiquiatras e investigadoras de una de las universidades más reconocidas de Estados Unidos detallaron cómo se metaboliza el estimulante, qué productos lo contienen de manera menos visible y por qué los límites para adultos no sirven para los menores de 18 años. La recomendación central: cortar el consumo después de las 14 y dejar las bebidas energéticas fuera del alcance de los chicos.

Por Gustavo LombardiPolítica bonaerense · 22 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En los pasillos de la Escuela de Medicina de Yale, donde durante décadas se formaron algunos de los investigadores más influyentes del mundo en neumonología y psiquiatría infantil, una advertencia empezó a ganar volumen en los últimos meses: lo que muchos padres interpretan como pereza, mal humor o agotamiento propio de la edad puede ser, en realidad, el efecto acumulado de un consumo de cafeína que los adolescentes ni siquiera registran como tal. Para el equipo de especialistas que atiende casos de trastornos del sueño en esa universidad, la clave está en mirar la mesita de luz, la mochila del colegio y, sobre todo, el freezer donde se guardan los sobres saborizados que llegaron para quedarse.

Cuando un adolescente tiene dificultades para conciliar el sueño, se muestra nervioso o presenta temblores, conviene revisar la cafeína que consume. Esas señales, sumadas a una caída del rendimiento escolar, suelen ser la puerta de entrada para una conversación familiar que, según las especialistas, suele llegar tarde. La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, explicó que un exceso también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad en pacientes cada vez más jóvenes.

Seguir la plata: dónde se esconde la cafeína que los chicos no computan

Para dimensionar cuánto ingiere un adolescente, no alcanza con contar las tazas de café o de mate. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas de cola, chocolate, chicles y, de manera creciente, en sobres saborizados que se disuelven en agua. Estos últimos, según los registros que difundieron las investigadoras de Yale, pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, es decir, el equivalente a uno o dos cafés express servidos en barra. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de esa universidad, sostuvo que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor característico del estimulante y facilitan que los jóvenes los prueben sin percibir el riesgo.

A esa dificultad para identificar las fuentes se suma otra, vinculada con los precios y la disponibilidad: los sobres y chicles con cafeína suelen comercializarse en kioscos de estaciones de servicio, maxikioscos y plataformas de venta online, a valores accesibles para el gasto de bolsillo de cualquier adolescente. Sigamos la plata, como suele decirse en la cobertura de salud pública: la industria de los energizantes y suplementos saborizados creció en la Argentina a un ritmo que las campañas de prevención todavía no alcanzaron a acompanhar.

El reloj interno de la adolescencia y la trampa del estimulante

El horario de consumo también pesa. De acuerdo con Agrawal, la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de ingerida, pero entre cinco y seis horas más tarde todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de la cantidad consumida. Por eso, la recomendación concreta de la especialista es evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso de cada adolescente.

Ese efecto se potencia con un cambio fisiológico propio de la adolescencia: el reloj biológico se corre hacia horarios más tardíos y se vuelve más difícil levantarse temprano para ir a la escuela. Si el cansancio lleva a buscar un estimulante, el alivio transitorio puede retrasar otra vez el sueño nocturno y profundizar el agotamiento del día siguiente, configurando un círculo que las especialistas describen como una trampa metabólica.

Las pautas de adultos no sirven: los jóvenes reaccionan antes

Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale, fue categórica al recomendar evitar la cafeína antes de los 18 años y excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes. En la misma línea, Agrawal advirtió que los jóvenes pueden experimentar palpitaciones, temblores y ansiedad con cantidades menores que las que un adulto tolera sin síntomas, lo que vuelve obsoleta cualquier comparación con el consumo materno o paterno.

La investigadora Park agregó un dato que suelen pasar por alto las familias: durante las sesiones de videojuegos, el consumo de cafeína puede responder tanto al deseo explícito de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores en plataformas multijugador, donde el estímulo funciona como ritual de pertenencia. A eso se suma la luz de las pantallas, que reduce la producción de melatonina y retrasa aún más la llegada del sueño, en un combo que las especialistas describen como doblemente contraproducente.

La señal de alerta, entonces, no debe quedarse en el living. Si en una casa bonaerense un adolescente llega irritable del colegio, duerme mal, se queja de temblores o baja su rendimiento escolar, la conversación familiar tiene que abrir el placard, revisar los sobres de la alacena y prestar atención a la mochila. La advertencia partió de los pasillos de Yale, pero la decisión de aplicarla es de cada hogar. Responsables: padres, madres y, sobre todo, la industria que sigue vendiendo estimulantes sin aviso suficiente.

GL
Gustavo LombardiPolítica bonaerense

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