La decisión que blindó a Naruto: por qué su director se plantó frente al mercado internacional
Hayato Date contó cómo rechazó las presiones para suavizar la serie pensando en Estados Unidos y prefirió cuidar la obra de Kishimoto tal como era.
Antes de que los créditos del primer episodio de Naruto empezaran a rodar en pantalla, en algún set de animación de Japón ya se vivía una discusión que iba a marcar el rumbo de toda la serie, y yo no la conocía hasta ahora, cuando la memoria del animé más popular de las últimas décadas vuelve a sacudirse con el anuncio de una nueva película en acción real que tiene a medio mundo expectante, porque lo que se supo en las últimas horas cambia por completo la manera en la que miramos ese universo de ninjas que millones de personas, entre ellas un montón de argentinos, llevamos tatuado en la memoria.
Resulta que Hayato Date, el director que condujo la versión animada de Naruto durante sus años más recordados, reconoció en una presentación en Anime India que desde el arranque de la producción existió una presión enorme para orientar la serie hacia el mercado internacional, especialmente el estadounidense, donde el manga de Masashi Kishimoto ya había despertado un interés que los propios estudios no terminaban de dimensionar, y esa presión se hizo sentir incluso en la conferencia de prensa original, donde medios de prensa extranjeros asistieron de manera inusual para una producción japonesa de la época.
Una decisión tan simple como radical
Lo que hizo Date fue, en sus propias palabras, hacerse una sola pregunta antes de cada decisión creativa: qué necesitaba la serie para funcionar en Japón, y todo lo demás quedó en un segundo plano, lo que en la práctica significó ignorar las quejas que llegaron desde Estados Unidos por el uso de kunai y otras armas de filo, una queja que tenía nombre y apellido porque se repitió en críticas y cartas de televidentes que consideraban esas armas demasiado explícitas para un público infantil.
“Si quitas los kunai, ya no es Naruto”Hayato Date
Date lo dijo sin rodeos y sin pedir disculpas, porque para él la respuesta era obvia: quitar esos elementos hubiera significado traicionar la obra de Kishimoto, y esa negativa a ceder no fue gratuita ni caprichosa, ya que la estrategia partía de una premisa que el director repitió hasta el cansancio, y es que, según sus propias palabras, simplemente no se puede crear algo si uno está pensando constantemente en cómo va a reaccionar la audiencia extranjera, una idea que suena casi obvia pero que en la industria del entretenimiento pocas veces se aplica con tanta rigidez.
El resultado, los números y lo que viene
La apuesta de Date dio sus frutos con el tiempo, porque Naruto terminó convirtiéndose, junto a Dragon Ball y One Piece, en uno de los animes de mayor alcance global de las últimas décadas, y eso ocurrió sin necesidad de suavizar su contenido ni de adaptar los códigos culturales japoneses a la sensibilidad occidental, una rareza en una industria donde cada vez es más común modificar las obras para sortear la censura internacional.
Mientras tanto, la nueva película en acción real avanza bajo la dirección de Destin Daniel Cretton, y la pregunta que sobrevuela a todo el fandom es si el equipo de producción estadounidense seguirá el camino trazado por Date o tomará otro rumbo, porque esta vez no se trata solo de vender en el mercado internacional, sino de decidir cómo se presenta una de las historias más queridas de la cultura pop japonesa a una nueva generación de espectadores que todavía no la conoce.
