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La fuerza después de los 50: el entrenamiento que sostiene la autonomía cotidiana y se vuelve una cuestión de salud pública

El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte recomienda trabajar la fuerza al menos dos veces por semana. Especialistas explican qué ejercicios replican los gestos del día a día y por qué preservarlos puede marcar la diferencia entre vivir con independencia o depender de una ayuda.

Por Mariano EtcheverryPuerto y pesca · 29 de septiembre de 2026 · hace 52 min

Levantarse de una silla, cargar las bolsas del supermercado, alcanzar el estante alto de la cocina o agacharse para recoger algo del piso son movimientos tan automatizados que rara vez se piensa en ellos como lo que son: pequeñas pruebas de fuerza, equilibrio y movilidad. Sin embargo, son precisamente las capacidades que empiezan a flaquear con el paso de los años, y las que definen en buena medida si una persona puede sostener su vida cotidiana sin asistencia. Por eso, un número creciente de especialistas insiste en que entrenar la fuerza después de los 50 no es una cuestión estética ni deportiva, sino una inversión concreta en autonomía.

El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte, una de las referencias internacionales más reconocidas en actividad física y salud, recomienda trabajar la fuerza al menos dos veces por semana. La indicación es clara en sus lineamientos: entre una y tres series de seis a quince repeticiones por ejercicio, con cargas adaptadas a la condición física y a los antecedentes de salud de cada persona. La advertencia de rigor también lo es: antes de empezar una rutina conviene consultar a un profesional de la salud, sobre todo si hubo cirugías, lesiones o enfermedades preexistentes, porque lo que para un adulto sano es una recomendación beneficiosa puede transformarse en un riesgo si se aborda sin supervisión.

Un músculo que se va sin pedir permiso

La pérdida de fuerza muscular es un proceso silencioso. De acuerdo con la literatura fisiológica que el entrenador certificado Charlie Grundas recoge en su práctica, esa disminución puede empezar de manera gradual a partir de los 30 años, aunque se perciba mucho después. Para cuando una persona nota que le cuesta subir una escalera, destapar un frasco o levantarse del sofá sin apoyar las manos, el declive ya lleva años en marcha. Entrenar después de los 50, explica Grundas, ayuda a conservar masa muscular, cuidar la densidad ósea y mantener la capacidad de resolver las actividades cotidianas sin pedir ayuda.

“El propósito también es preservar movimientos habituales. Por eso, los ejercicios pueden pensarse a partir de las tareas que se busca sostener.”Charlie Grundas, entrenador certificado

La lógica es simple y a la vez poderosa: en lugar de entrenar por entrenar, se busca replicar los gestos del día a día. Grundas propone empezar por las sentadillas con una pesa frente al pecho, que trabajan piernas, glúteos y abdomen, exactamente los músculos que se activan al levantarse de una silla. El descenso debe llegar hasta una posición cómoda, sin forzar la articulación, y la carga se agrega recién cuando el movimiento ya es estable.

Ejercicios que copian la vida real

Para recoger algo del piso, el patrón clave es llevar las caderas hacia atrás con las rodillas ligeramente flexionadas, algo que se entrena con el peso muerto rumano. Grundas sugiere aprenderlo primero sin carga, dominando la técnica, y recién después sumar una mancuerna o una pesa rusa. Para las acciones que requieren elevar los brazos, como guardar la vajilla en un estante alto, el press de hombros sentado trabaja la musculatura involucrada con menor exigencia sobre la zona lumbar.

El equilibrio, advierte el entrenador certificado Will Hewitt, suele ser el gran olvidado en las rutinas de fuerza convencionales, y es justamente uno de los factores que más pesa en la autonomía de los mayores. Fortalecer el abdomen contribuye a estabilizar el tronco y puede disminuir el riesgo de caídas, una de las causas más frecuentes de pérdida de independencia y de internaciones en la franja etaria que supera los 65 años. Una alternativa concreta es la posición de oso, con manos y puntas de los pies apoyadas y las rodillas apenas elevadas del suelo. Apoyar las manos sobre un banco firme es una forma segura de empezar y reduce la exigencia sobre muñecas y hombros hasta ganar confianza.

La progresión importa tanto como la elección del ejercicio. Grundas propone comenzar con tres a cinco repeticiones en el gesto de sentarse y volver a levantarse del piso, y ayudarse con las manos cuando sea necesario. La meta es ir reduciendo los apoyos de manera gradual, siempre sin forzar las articulaciones ni perder estabilidad. La misma lógica aplica al resto de la rutina: pocas repeticiones, buena técnica, cargas que crezcan de a poco y, sobre todo, regularidad. Dos veces por semana, como recomienda el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte, es el piso mínimo para que el cuerpo tenga tiempo de recuperarse y para que los beneficios sean sostenidos en el tiempo.

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Mariano EtcheverryPuerto y pesca

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