La herencia de Messi que cabe en una sobremesa familiar
El retiro del capitán de la selección abre una puerta inesperada: usar su carrera como espejo para charlar con los chicos sobre esfuerzo, error y trabajo en equipo. Un libro de una madre y su hija se anticipó a esa conversación y dejó preguntas listas para llevar a la mesa.
La despedida de Lionel Messi de la selección argentina no mueve únicamente a los hinchas. En muchas casas, sobre todo en las que hay chicos en edad de preguntar, la noticia funciona como un espejo inesperado: lo que se le puede explicar a un hijo sobre la vida a partir de lo que este hombre hizo durante dos décadas con una pelota.
Antes de que el capitán confirmara el retiro, una madre y su hija ya se habían tomado el trabajo de ordenar esa charla. Verónica de Andrés y Florencia Andrés recopilaron en ¡Messirve!, editado por Ediciones B, las lecciones que se pueden sacar de la carrera del rosarino. No para canonizarlo, aclaran, sino para usar lo concreto: sus frases, sus gestos, su manera de nombrar a los suyos.
Talento no es lo mismo que disciplina
Una de las frases que el propio Messi repitió hasta hacerla célebre sigue siendo útil para abrir cualquier conversación con un adolescente: ser un éxito de la noche a la mañana le llevó diecisiete años y ciento catorce días. No la dijo con bombos ni con un discurso armado, la dijo como quien describe un trámite. Y ahí está su potencia: enseña que detrás de cada resultado visible hay un tramo largo de días en los que no pasa nada interesante.
“Ser un éxito de la noche a la mañana me llevó diecisiete años y ciento catorce días.”Lionel Messi
- La diferencia entre talento y disciplina, explicada con el caso Messi.
- El error como parte del camino: él tampoco jugó bien todos los partidos.
- El peso de la familia como reguladora del estado de ánimo.
- El valor del equipo: sin compañeros no hay logro individual.
- La humildad como forma de trabajo y no como pose para la foto.
Las autoras insisten en algo que a veces se pierde cuando se habla de figuras enormes: la excelencia no es sinónimo de perfección. Messi perdió finales, erró penales y pasó por lesiones largas. Lo que lo sostuvo fue la pregunta de cómo mejorar la próxima vez. Esa es la parte que puede funcionar como espejo para un chico que hoy se frustra porque le fue mal en un examen o porque no lo convocaron para el partido del domingo.
La familia aparece una y otra vez en sus declaraciones. Mencionó a su mujer y a sus hijos como quienes le regulan el ánimo, y a sus padres como los que le inculcaron que no todo da igual. Esa última frase, sencilla, sirve para empezar una sobremesa sin solemnidad: preguntarles a los chicos qué cosas, según ellos, no les daría igual que pasen en su propia vida.
También está el capítulo del equipo. Messi repitió hasta el cansancio que sin sus compañeros no habría podido ni siquiera soñar con levantar una Copa del Mundo. Para un pibe que juega al fútbol en una liga barrial o que integra cualquier otro grupo, desde un taller de teatro hasta una mesa de trabajo escolar, esa idea tiene peso práctico: nadie llega solo a ningún lado.
En Necochea, Marta, mamá de un nene de doce que juega en las inferiores de un club local, me dijo mientras cargaba la mochila en el auto que todavía no le encontró la vuelta para explicarle por qué Messi se retira. Le preocupa que su hijo lo tome como un final triste. Lo que le falta, me dijo, es una guía simple, sin sermones, para transformar la despedida en una conversación. Y ahí, justamente, aparece el libro de Verónica y Florencia.
La ruta que une Necochea con Pinamar, unos cuatrocientos kilómetros de asfalto y dos manos de carriles, suele cruzarse en verano con familias enteras que llevan a los chicos a colonias de fútbol. En la mayoría de los casos, los padres van con la camiseta de la selección en la valija y con la expectativa de que sus hijos aprendan algo más que pegarle a la pelota. Esa expectativa, traducida en charla, es la herencia que Messi deja en las casas y que este libro se animó a ordenar antes de que el capitán confirmara lo que tarde o temprano iba a pasar.
Le falta al pueblo, me comentaron varios vecinos, un espacio serio donde los padres puedan conversar sobre cómo acompañar a los chicos en temas como la frustración, el esfuerzo y el trabajo en grupo, sin tener que reinventar la rueda en cada reunión de consorcio. Quien debería resolverlo es el área de educación municipal, con apoyo de los clubes y de las bibliotecas populares: un ciclo de charlas para familias, con materiales concretos como este libro, podría llenar un vacío que hoy se cubre con intuición y buena voluntad.
