La hija mayor de Rubén Rada reconstruyó la despedida: del instante 0 a la caravana final por Isla de Flores
Lucila Rada difundió un extenso mensaje en el que repasó las horas junto a su padre, el velatorio en el Palacio Legislativo y el cortejo que atravesó Montevideo al ritmo de candombe. Adelantó además que el músico dejó más de diez discos sin publicar que la familia piensa difundir de forma gradual.
Tengo frente a mí la imagen que me cuenta una señora de pelo canoso, a la salida del Palacio Legislativo, mientras se seca los ojos con un pañuelo celeste: "Fue como despedir a un padre de todos". Esa sensación, la de estar despidiendo a alguien de la propia familia aunque no lo sea, es la que eligió poner en palabras Lucila Rada, la hija mayor del músico, cuando todavía le temblaba la voz y le pesaban los últimos días. Lo hizo a través de un extenso mensaje en el que reconstruyó, casi como una cronista íntima, las horas posteriores a la muerte de su padre y en el que, además, confirmó algo que para los seguidores de Rubén Rada es una noticia en sí misma: el músico alcanzó a dejar más de diez discos grabados que nunca vieron la luz, y la familia ya trabaja para que esa producción llegue al público de manera gradual, sin apuro, respetando los tiempos del duelo y los del arte.
El relato de Lucila arranca en lo que ella misma bautizó como el "instante 0": el miércoles 26 de agosto, cuando la familia reunida alrededor de la cama tomó conciencia de que había llegado el momento de la despedida. Antes de ese instante, según contó, le hablaron, le dijeron lo que iban a sentir con su ausencia y repasaron lo que él había dejado en cada uno. Lo describieron con una expresión que la hija tradujo como pacífica y satisfecha. "Ni un solo gesto de amor, generosidad, humor o talento le quedó pendiente", escribió. Cuando salieron de la sala, los teléfonos ya desbordaban de mensajes: "Nos dimos cuenta de que el dolor era generalizado", señaló, y habló de un campo magnético de afecto que extendió ese instante hacia lo que llamó el "km 0" de un camino colectivo.
El velatorio en el Legislativo y la caravana por Isla de Flores
El velatorio se hizo en el Palacio Legislativo, donde la familia recibió a personas de distintas generaciones y sectores. Lucila destacó los rostros atravesados por una tristeza que, insistió, no tenía amargura: hubo abrazos, ofrendas, llanto compartido, risas y, en medio del salón, la voz del propio Rada sonando como si todavía siguiera presente. La familia agradeció a las autoridades del Legislativo por haber comprendido la dimensión del homenaje y cedido el espacio. Después, el cortejo recorrió la calle Isla de Flores hasta el Cementerio del Norte, encabezado por una multitud que acompañó el trayecto con candombe, música y aplausos, en línea con lo que el músico había planteado en su disco Muriendo de plena como la forma en que quería ser recordado.
- Dos jóvenes que siguieron la caravana en monopatín, con un parlante colgado al hombro, como si fuera una procesión callejera.
- Decenas de personas que se acercaron con prendas rojas, en homenaje al color que Rada eligió como propia seña de identidad.
- Un círculo de tambores que sonó durante buena parte del recorrido y que la familia destacó como una de las imágenes más emocionantes de la jornada.
- La decisión familiar de abrir, en el futuro, el archivo sonoro del músico: más de diez discos inéditos que Rada dejó grabados y que serán dados a conocer de manera gradual.
“Toda la música que papá tenía lista irá apareciendo con el tiempo. No queremos apurar nada, queremos que cada disco encuentre su momento”Lucila Rada, hija del músico
Y mientras escribo estas líneas me queda dando vueltas algo que me dijo, ya en la vereda, un hombre de unos cincuenta años con una remera del Club Atlético Peñarol y un clavellino rojo en la solapa: "Rada no se va, se muda de disco". Esa frase, que parece dicha al pasar, es exactamente la promesa que la familia empezó a hacer pública: la de una despedida que, paradójicamente, viene acompañada de mucha música por venir.
