Saltar al contenido
Viernes, 2 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Economía /

La jubilación mínima no alcanza ni para pagar los medicamentos que receta el médico de cabecera

La Defensoría de la Tercera Edad y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología calcularon en 2.090.646 pesos lo que necesita una persona mayor para vivir un mes en las principales ciudades del país, mientras que el haber mínimo con bono apenas cubre el costo de los fármacos y la atención de la salud.

Por Mariano EtcheverryPuerto y pesca · · hace 53 min
La jubilación mínima no alcanza ni para pagar los medicamentos que receta el médico de cabecera

La fotografía que arrojan los números es tan elocuente como cruel: una persona mayor de sesenta años necesita reunir en la Argentina de hoy, según la Defensoría de la Tercera Edad y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología, dos millones noventa mil seiscientos cuarenta y seis pesos para hacer frente a sus gastos mensuales imprescindibles, y la jubilación mínima con el refuerzo extraordinario de octubre, que se ubicará en 505.748 pesos, no llega siquiera a cubrir lo que demanda el rubro de medicamentos y atención de la salud, presupuestado en 518.708 pesos.

La brecha entre lo que ingresa y lo que se necesita para vivir se vuelve así estructural, y se repite en los otros beneficios del sistema previsional. La Pensión No Contributiva por Invalidez y Vejez se ubica en 375.023 pesos, en tanto que la Pensión Universal para el Adulto Mayor alcanza los 418.598 pesos con el bono, montos que también quedan muy por debajo del costo estimado para el apartado sanitario, lo que configura un cuadro en el que la cobertura médica termina absorbiendo la mayor parte de cualquier ingreso mínimo disponible.

Tres rubros concentran casi dos tercios del gasto

El relevamiento, que abarca la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense, Córdoba, Rosario y Mendoza, y toma como referencia las pautas de la canasta familiar que mide el INDEC con adecuaciones específicas para la población mayor, distribuye los consumos en varios capítulos, y son tres los que explican alrededor de dos tercios del presupuesto total: medicamentos y salud, con 518.708 pesos; alimentos, con 457.742; y vivienda, con 364.969. Sumados, esos tres conceptos reúnen 1.341.419 pesos, el grueso de los 2.090.646 que demanda el mes.

El peso de cada componente no es caprichoso. En salud, el cálculo incorpora distintos medicamentos y contempla los descuentos vigentes en farmacias de acuerdo con la obra social de cada beneficiario, lo que muestra que, aun aplicando los beneficios de la seguridad social, el gasto de bolsillo sigue siendo determinante. En vivienda, la estimación contempla un mosaico de situaciones, porque incluye a quienes siguen manteniendo una propiedad propia, a quienes pagan un alquiler y a quienes residen en una pensión, y de ese modo busca reflejar las distintas realidades habitacionales que conviven entre los adultos mayores de las cinco plazas relevadas.

  • Medicamentos y salud: 518.708 pesos mensuales, monto que ya supera la jubilación mínima con bono.
  • Alimentos: 457.742 pesos, con el gasto alimentario adaptado a las necesidades nutricionales de las personas mayores.
  • Vivienda: 364.969 pesos, incluyendo propietarios, inquilinos y residentes en pensiones.
  • Jubilación mínima con bono: 505.748 pesos, cubre menos de una cuarta parte de la canasta total.
  • Pensión No Contributiva por Invalidez y Vejez: 375.023 pesos.
  • Pensión Universal para el Adulto Mayor: 418.598 pesos con bono.

La comparación entre el haber mínimo y la canasta es la que desnuda el desajuste con mayor contundencia. El beneficio previsional más bajo, con el refuerzo incluido, permite cubrir apenas 505.748 pesos de los 2.090.646 que la Defensoría de la Tercera Edad y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología consideran indispensables para un mes, es decir, menos de una cuarta parte del total. El resto debe salir, en el mejor de los casos, de otros ingresos del hogar, de la ayuda familiar o, en el peor, del recorte de consumos básicos como alimentos, controles médicos o incluso la compra de medicamentos, una decisión que en la tercera edad suele tener consecuencias clínicas graves.

El relevamiento también permite dimensionar la velocidad del deterioro. La misma canasta, un año atrás, en octubre de 2025, tenía un valor de 1.514.074 pesos, lo que arroja un incremento acumulado en doce meses del 38%, un porcentaje que en términos reales se traduce en una pérdida marcada del poder adquisitivo. Frente a la medición de marzo de este año, en tanto, la suba fue del 14,58%, una aceleración que se explica, en buena medida, por el comportamiento de los precios regulados y de los medicamentos, que en los últimos meses acompañaron la dinámica general de la inflación con ajustes por encima del índice general.

El cuadro completo, entonces, no admite lecturas complacientes. Los haberes mínimos, las pensiones no contributivas y la Pensión Universal para el Adulto Mayor quedaron, en todos los casos, por debajo del costo de uno solo de los rubros de la canasta, y lejos de la estimación integral. Para una población que, además, concentra las tasas más altas de consumo de medicamentos y de consultas médicas del sistema de salud, la distancia entre lo que se cobra y lo que se necesita no es un dato estadístico, es un factor de riesgo sanitario, y los números de la Defensoría y de la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología lo dejan escrito con una crudeza que las cifras, esta vez, no dejan lugar a interpretar de otro modo.

ME
Mariano EtcheverryPuerto y pesca

Te puede interesar