La versión que Ken Russell no pudo ver en pantalla vuelve a las salas después de 55 años
Warner Bros recuperó el montaje que el director inglés dejó terminado y que la censura de los años 70 obligó a mutilar; el reestreno en 4K incluye una secuencia completa de la posesión de las monjas que sólo se conocía dentro de un documental.
Lo veo antes que a la película, y me explico: cada vez que entro a una sala de cine con la expectativa de encontrarme con un clásico que me marcó en la adolescencia, me cruzo inevitablemente con ese señor de barba candado que siempre ocupa la misma butaca del costado, y que esta tarde llegó con la remera negra de los Cramps puesta y una bolsa de pochoclos del tamaño de una almohada, como si supiera de antemano que la función de hoy iba a justificar cualquier exceso. Y lo justificaba, créanme, porque de lo que se trata acá es de algo que los fans de Ken Russell vienen reclamando desde hace décadas, que es ni más ni menos que la posibilidad de ver en pantalla grande, completa y sin los tijeretazos que la convirtieron durante años en una experiencia a medias, esa película maldita y fascinante que el director inglés terminó de rodar en 1970 y que el mundo entero conoce como Los demonios.
La noticia, tal como me llegó esta mañana desde la oficina de prensa de Warner Bros, es que Clockwork, la división de cine de autor que el estudio acaba de poner en marcha, eligió precisamente a este título como una de sus cartas fuertes de lanzamiento, y que la fecha prevista para el reestreno internacional es la primera mitad de 2026, en coincidencia con los 55 años del estreno original. Lo que volverán a ver las salas de Argentina, España, Francia, Reino Unido y Estados Unidos no es la copia que circuló durante décadas, sometida a la tijera de la United Artists primero, a los reclamos del Vaticano después y a la calificación X de los organismos de clasificación anglosajones, sino el montaje que el propio Russell armó con sus propias manos antes de morir en 2011, y que durante años sólo pudimos espiar en fragmentos dentro del documental que marcó el inicio de su trabajo con el crítico y periodista Mark Kermode.
Qué incluye esta versión que no se podía ver
- La secuencia completa de la supuesta posesión de las monjas, con el derribo del crucifijo gigante que la Iglesia logró que se recortara en su momento.
- Las escenas de orgía que la Warner eliminó antes de aprobar el montaje original y que Russell siempre defendió como parte de su mirada.
- Unos minutos adicionales de material psicodélico y ritual que la clasificación del momento obligó a suprimir.
- La restauración integral en 4K a partir del negativo original, con trabajo de color y sonido supervisado por el equipo de Clockwork.
A quienes no la conozcan les cuento el punto de partida, porque la película se inspira en un caso real del siglo XVIIun grupo de religiosas asegura estar poseído y empuja a la hoguera a un sacerdote al que acusan de hereje, aunque el hombre en cuestión lo que había hecho era consolidar su poder político y mantener relaciones carnales con varias monjas. Con ese punto de partida, Russell construyó una película que es a la vez un retrato histórico, una comedia negra, una alucinación lisérgica y un manifiesto contra el poder eclesiástico, y que en su momento fue considerada tan peligrosa que la propia distribuidora original, United Artists, se bajó del proyecto y tuvo que ser la Warner la que se hiciera cargo de un título que ya venía con olor a azufre.
Lo que me interesa destacar como espectadora de toda la vida, y créanme que lo digo sin pudor, es que esta recuperación no es una operación nostálgica ni un mero ejercicio de archivo: es la posibilidad concreta de sentarse en la butaca, con pochoclos o sin pochoclos, y entender por qué los Cahiers du Cinéma en su momento la defendieron a capa y espada, por qué el público underground la adoptó como bandera y por qué cada nuevo recorte que se conoció con el paso de los años fue vivido como una pequeña mutilación por quienes habíamos construido una relación afectiva con esta obra. Cuando le preguntaban a Russell por qué había peleado tanto por esta versión, él respondía, con esa mezcla de ironía y convicción que lo caracterizaba, que la censura le había robado al público la posibilidad de entender la película, y que él simplemente estaba intentando devolvérsela.
Faltan todavía algunos meses para que la veamos en pantalla, y la Warner confirmó que habrá funciones especiales en Madrid y Barcelona antes del estreno masivo, pero ya circulan entre los cinéfilos las primeras críticas que pudieron acceder a una copia de trabajo, y el consenso es que estamos ante la versión que Russell quiso mostrar desde el primer día, sin la losa de la calificación X, sin los cortes del Vaticano, sin la tijera de los distribuidores. Para mí, que crecí viendo esta película en copias VHS con la calidad de imagen de un video de casamiento, la posibilidad de verla restaurada en 4K y en una sala con butacas que crujen es casi un milagro, y de hecho cuando salí de la función de prensa me crucé en la puerta con un crítico mexicano que me dijo, mientras se acomodaba el pañuelo palestino al cuello: "Por fin le devolvieron a Russell lo que la censura le sacó". Esa frase me la quedo.
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