Miércoles, 9 de septiembre de 2026
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Milestone rompe el circuito y estira las pistas de Hot Wheels hasta el horizonte

La nueva entrega de la saga abandona los circuitos cerrados y propone recorrer cuatro islas de mundo abierto con más de 150 autos coleccionables y un entorno casi todo destruible

Por Silvia MenéndezCultura y espectáculos · 9 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo primero que vi, antes de leer una sola línea del comunicado, fue a un nene con un Hot Wheels en la mano, apoyado en el estante de la juguetería, mientras su viejo le pasaba la tarjeta. Me acordé de ellos cuando probé la nueva entrega de Milestone, porque a esa edad uno no quiere circuitos cerrados: quiere correr libre, chocar todo y ver hasta dónde llega el autito. Y eso, justamente, es lo que propone Hot Wheels Infinite Rush, el título que la desarrolladora italiana acaba de poner en la calle y que abandona el esquema tradicional de pista para abrirse a un mapa de mundo abierto dividido en cuatro islas enormes. Ahí está la primera decisión fuerte de un producto que parece pensado, antes que nada, para recuperar la sensación de infância que tenemos los que alguna vez coleccionamos esos cochecitos en una cajita bajo la cama.

Cuatro islas para acelerar sin manual de instrucciones

Wheelswood es la zona urbana, con rascacielos y tránsito real circulando entre las avenidas. Tentacle Bay es el bioma costero, con playas, acantilados y ecosistemas que cambian de color según la zona que uno recorra. Gearville mete al jugador en un parque industrial rodeado de dunas, mientras que Drifty Temples ofrece una ambientación de inspiración oriental con pasos de montaña que invitan al derrape largo. Lo importante es que no hay una campaña con historia que ate las misiones: la propuesta es explorar, completar eventos y coleccionar, algo que fluye muy bien durante las primeras horas pero que puede empezar a sentirse un poco vacío cuando ya se llevan decenas de carreras encima.

El entorno, eso sí, compensa buena parte de ese déficit. El mapa es casi completamente destructible: los árboles se parten al primer impacto, las luminarias vuelan por el aire y hasta los autos civiles reaccionan como si fueran de verdad. La sensación es la de estar moviéndose por una maqueta enorme a escala, armada para ser rota. En ese sentido, la conducción también tiene su propio lenguaje, dividido en cuatro categorías que cambian el comportamiento del vehículo. Los bólidos privilegian la velocidad punta y recargan turbo al acelerar a fondo; los derrapadores acumulan nitro cuando uno los cruza en curvas cerradas; los equilibrados generan energía con casi cualquier maniobra; y los Titanes, pensados para el todoterreno, recargan turbo automáticamente cuando el piso se pone irregular. El cambio entre una categoría y otra es inmediato, sin pausar la carrera, lo que vuelve al juego muy dinámico para probar combinaciones sobre la marcha.

Más de 150 modelos y un garage para personalizar

Para los coleccionistas, el catálogo supera los 150 vehículos, con prototipos propios de la marca y licencias de fabricantes reales, fichas históricas con datos de cada modelo y un editor de pintura, rines e interiores. Los modos multijugador también estiran la vida útil del título: hay competitivo con ranking, cooperativo para armar equipos con amigos y partidas casuales, además de un editor de pistas propias que cualquiera puede usar para armar circuitos dentro de las islas. En lo técnico, el juego mantiene 60 cuadros por segundo de forma estable, algo clave en un arcade de velocidad, aunque hay asperezas: algunas texturas del entorno tardan en cargar y los tiempos de espera tras completar un evento rondan el minuto. El sonido, en cambio, es de lo mejor: el impacto metálico y plástico de cada choque suena casi como cuando uno era chico y hacía chocar los autitos contra la pata de la mesa.

SM
Silvia MenéndezCultura y espectáculos

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