Pergolini rearmó el living de "No preguntes por Rusia" con una pared de vinilos hecha a mano por él mismo
El conductor diseñó e imprimió en 3D los soportes para exhibir discos de Spinetta, Prince, Nirvana y una larga lista de artistas argentinos e internacionales, y adelantó que las tapas irán rotando emisión tras emisión.
Lo primero que vi, antes de que Mario Pergolini abriera la boca, fue a una espectadora de unos cincuenta y tantos, con un pañuelo violeta atado al cuello, que señalaba la pared del fondo del estudio con la boca entreabierta, como si hubiera encontrado algo que no esperaba encontrarse ahí, en un programa de streaming, a las once de la noche. Y lo que había encontrado era, ni más ni menos, una colección de vinilos cuidadosamente dispuestos sobre unos soportes que, según confirmó el propio conductor, él mismo fabricó con una impresora 3D. La estructura se luce en el sótano desde el que se emite No preguntes por Rusia desde el arranque de la temporada 2026, y la idea, según nos contó Pergolini, es que las tapas vayan rotando de una emisión a otra, como si el living de un amigo fuera mutando al ritmo de las ganas del anfitrión.
La selección que se vio en la última emisión cruza fronteras y generaciones, y no le hace asco a nada. Entre los discos que el conductor fue identificando a lo largo de la noche aparecen Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, y Fore!, de Huey Lewis & The News, además de títulos de Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos. Pergolini también se detuvo en dos piezas que para mí son las perlitas de la colección: un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, que justifican por sí solas una recorrida lenta por esa pared.
De Los Rolling a Fito Páez, pasando por el under porteño
- Catupecu Machu
- The Velvet Underground
- The Rolling Stones
- Los Tipitos
- Barry Manilow
- Los Piojos
- AC/DC
- Daniel Melongo
- La Renga
- Foo Fighters
- Viejas Locas
- Ataque 77
- Fito Páez
El rincón de los vinilos convive con otros objetos que ya eran parte del lenguaje visual del programa: una guitarra colgada, un sillón cómodo, una mesa auxiliar, una lámpara de pie y un mueble con equipos y piezas de colección. A un costado se mantiene, además, una estantería con discos compactos, y cerca de allí sigue firme la figura de un Stormtrooper de Star Wars, que fue la excusa que eligió el columnista Nico Etevenaux para preguntarle al conductor por el cambio de escenografía. Tras el intercambio, Pergolini asumió la autoría de la instalación y la describió con una frase que me quedó resonando: "Los vamos a ir changing", dijo, con la tranquilidad de quien sabe que su sótano prestado volvió a tener un poco más de alma.
La modificación no mueve al ciclo de lugar: sigue en el mismo estudio subterráneo que Pergolini presentó en su momento como un "sótano prestado" con limitaciones para recibir invitados. Lo que cambia es la escenografía, y sobre todo la sensación de que el conductor sigue pensando cada detalle del programa como si fuera su casa. Mientras escribo esto, me acuerdo de lo que me dijo una señora a la salida de un canal, hace años, y que me sigue pareciendo cierta: "La tele, cuando parece un living, se mira de otra manera". Por estas horas, ese living tiene más discos que nunca.
