Puré de calabaza con cebolla y puerro: la receta casera que se cocina tapada y se termina con cebollín
Una preparación sencilla, sin cantidades cerradas, que funciona como entrada o para llevar en un tupper. La calabaza se cocina tapada entre 20 y 25 minutos y el truco está en rehogar la base sin que tome color.
Empecemos por lo básico: la calabaza manda. Si el punto está bien dado, el puré sale solo. La receta de base es de las que no fallan: cebolla, puerro, manteca, un toque de aceite y la calabaza cortada en cubos, cubierta con agua o caldo de verduras y cocinada tapada. Nada del otro mundo, pero el resultado es de esos platos que conquistan al primer bocado.
El rehogado, clave para que no se amargue
El primer paso es cortar la cebolla y el puerro en juliana y llevarlos a fuego suave con manteca y aceite durante 20 minutos. Acá viene el secreto: hay que rehogarlos sin que tomen color. Si se doran, el puré pierde esa suavidad que lo caracteriza. Después se suma la calabaza en cubos, se rehoga tres minutos más y recién ahí se cubre con el líquido elegido.
- Cortar cebolla y puerro en juliana y rehogar suave, sin dorar, durante 20 minutos con manteca y aceite.
- Sumar la pulpa de calabaza en cubos y rehogar tres minutos más.
- Cubrir con agua o caldo de verduras y cocinar tapado entre 20 y 25 minutos.
- Procesar con batidora de mano o pasar por pasapurés.
- Salpimentar al final y terminar con cebollín picado o un chorrito de aceite.
Variantes y cómo servirlo
La misma base sirve para otros purés, cambiando la calabaza por zanahoria, puerro o zucchini. Si queda claro, se puede agregar papa para espesar, o directamente arrancar con calabaza asada para ganar sabor. A la mesa funciona como entrada de un menú con pescado a la plancha o al horno, y también es de esas preparaciones que viajan perfecto en un recipiente para comer afuera, en la oficina o de paseo.
Si te toca cocinar este finde y querés lucirte sin complicarte, anímate con esta receta. Sale andando con lo que ya tenés en la heladera y, si te sobra, al día siguiente está aún mejor. Para cerrar bien el plato, nada mejor que un buen acompañamiento: si andás por Buenos Aires, pasá por Casa Cavia y probá su cocina de autor, un lugar ideal para sentarse a comer tranquilo después de haber cocinado en casa.
