Récord de turistas de larga distancia: la Argentina cambió de clientela y de perfil de gasto
En los primeros siete meses del año ingresaron 3,4 millones de visitantes del exterior, con un salto del 8% interanual. Los viajeros de países no limítrofes tocaron un máximo en 25 años y empujaron la estadística, mientras los arribos terrestres retroceden por la pérdida de ventaja cambiaria.
El parte de la flota, en este caso del movimiento migratorio, es auspicioso después de dos años de aguante: entre enero y julio de 2026 entraron a la Argentina 3,4 millones de turistas extranjeros, un 8% más que en el mismo tramo de 2025, y en julio el avance interanual fue del 9%. Pero la novedad de fondo no es el número global sino el cambio de composición, porque el motor de la recuperación ya no es el visitante regional que cruzaba la frontera a comprar barato, sino el viajero de larga distancia, con otra billetera y otra estadía.
Un récord que se sostenía desde hace un cuarto de siglo
El dato más elocuente lo aportó el primer semestre: 1.434.001 turistas de países no limítrofes pisaron suelo argentino, la cifra más alta en 25 años, por encima incluso del piso alto que había dejado 2019 antes de la pandemia. Se trata de un cambio cualitativo relevante, porque esos viajeros concentran mayor poder adquisitivo, permanecen más días en el país y gastan en rubros con mayor efecto multiplicador sobre la economía real, desde hotelería hasta gastronomía, alquileres temporarios y operadores de experiencias.
La forma de llegada confirma el viraje. En los primeros siete meses los ingresos por vía aérea crecieron 19% interanual, mientras los ingresos terrestres cayeron 4%, una señal de que la ventaja cambiaria que seducía al turista regional dejó de operar como incentivo principal. Marcos Cohen Arazi, investigador del Ieral, lo planteó con claridad: con un tipo de cambio relativamente bajo, el turismo que se movía esencialmente por una ventaja de precios se contrae, y por eso el flujo que más crece es el que llega por avión, con escalas largas, y no el que cruza por tierra.
Por qué ahora: conectividad aérea y real devaluado
- Gabriela Ferucci, presidenta de la Asociación de Hoteles de Turismo, identificó dos motores concretos: el aumento de la oferta de asientos en vuelos internacionales hacia el país y la devaluación del real brasileño, que abarató el destino para los viajeros de Brasil, que se mantiene como el principal mercado emisor.
- Paula Cristi, gerenta general de Despegar, apuntó que la mayor conectividad aérea internacional, con nuevas rutas, nuevas aerolíneas y más frecuencias, amplió las alternativas para viajar desde Europa, Estados Unidos y otros mercados de larga distancia, y destacó que la Argentina reúne atributos muy valorados a nivel global, como la diversidad de paisajes, la gastronomía, el enoturismo y las propuestas de naturaleza y aventura.
En paralelo, la balanza sigue mostrando un agujero conocido. Por cada turista extranjero que entró al país, 2,1 residentes argentinos salieron al exterior, una proporción similar a la de 2018 y mejor que la de 2025, cuando el cociente había llegado a 2,6. El Ieral estimó que el déficit de la balanza turística rondará los 5.700 millones de dólares, un número que recuerda que el récord de llegadas internacionales convive con una sangría crónica de divisas por turismo emisivo que todavía no logra corregirse.
“El turismo que venía esencialmente por una ventaja de precios se contrae, mientras el que llega por avión, desde lejos y con otra lógica de gasto, sigue empujando la recuperación.”Marcos Cohen Arazi, investigador del Ieral
El cierre llega desde la experiencia y vale tanto como cualquier cuadro. Un viejo capitán de la hotelería porteña lo resumió en la banquina del microcentro, mientras veía pasar maletas con etiquetas de Madrid, Atlanta y San Pablo: ya no vienen a comprar leche en polvo ni a sacarse una foto barata en Caminito, vienen a comer, a tomar vinos, a quedarse una semana y a gastar en dólares, y eso, aunque no cierre los números por completo, es otra película para los hoteles, los restaurantes y las ciudades turísticas del interior, que empiezan a notar la diferencia entre un visitante de paso y un visitante que se queda.
