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Tarantino, el fan obsesivo de una joya olvidada de 1985 que casi nadie fue a ver al cine

El director de "Pulp Fiction" y "Kill Bill" contó que vio cinco veces "Fandango" en su única semana en cartelera y la considera una de las mejores óperas primas de la historia. La película de Kevin Reynolds, protagonizada por un Kevin Costner muy joven, recaudó 91.000 dólares en su estreno y hoy es objeto de culto.

Por Silvia MenéndezCultura y espectáculos · 8 de septiembre de 2026 · hace 47 min

Un jubilado con campera de jean me mira fijo en el pasillo de la sala y me pregunta si voy a la función de las seis. Le digo que sí, que voy a la de las ocho, y me responde, con esa seguridad de quien ya leyó todo al respecto, que Tarantino la vio cinco veces en una semana. Le sonrío, le digo que por eso estoy acá, y me quedo pensando en cómo una película que casi nadie fue a ver en 1985 puede terminar convertida, cuarenta años después, en una de las obsesiones confesadas del director más influyente de las últimas décadas.

La película en cuestión es "Fandango", escrita y dirigida por Kevin Reynolds, y tiene como protagonista absoluto a un Kevin Costner muy joven, a tres años de explotar con "Los intocables" y a cuatro del "Bailando con lobos" que lo consagraría. La historia sigue a cinco amigos que, el día de su graduación en 1972, deciden emprender un viaje por carretera como despedida antes de asumir la vida adulta. El filme se estrenó en 1985, estuvo en cartelera apenas una semana y recaudó 91.000 dólares en Estados Unidos: un fracaso comercial que, con el correr de los años, se transformó en estandarte de culto.

El descubrimiento de Tarantino

En una entrevista con la edición estadounidense de Vanity Fair, el realizador de "Pulp Fiction" y "Kill Bill" reconoció el impacto que le provocó ver la película en aquella única semana de estreno original. La definió sin dudarlo como "una de las mejores óperas primas de la historia del cine" y describió el efecto que le causó la actuación de Costner con una honestidad casi confesional.

“La señal de un actor realmente genial es que, después de ver su actuación, quieres actuar como él. Quería vestirme como Kevin Costner. Empecé a hablar como Kevin Costner. Quería ponerme un esmoquin mugriento y dormir y orinar y vomitar y beber y sudar en un coche cruzando el desierto. Hizo que un esmoquin mugriento parezca lo más guay del mundo.”Quentin Tarantino, en entrevista con Vanity Fair

Tarantino también rescató el nombre de Reynolds, al que en los años noventa llegó a comparar con un futuro Stanley Kubrick de su época. El tiempo, es cierto, no terminó de confirmar ese vaticinio: Reynolds siguió trabajando con Costner en dos producciones de enorme envergadura, "Robin Hood, príncipe de los ladrones" (1991) y "Waterworld" (1995), esta última atravesada por fuertes fricciones entre ambos durante el rodaje que, según contaron los protagonistas, se resolvieron con los años. Décadas más tarde, los dos volvieron a cruzarse en la miniserie "Hatfields & McCoys", un compromiso que, según el propio Costner reconoció, lo llevó a rechazar un papel que finalmente quedó en manos de otro actor en "Django desencadenado".

Una rareza que sobrevive por boca de los que la vieron

El viejo del pasillo, mientras acomodaba su entrada en el bolsillo, me dijo algo que resumo casi textual, porque me hizo acordar a lo que Tarantino describió: "Mirá, yo la vi en el 85 y nunca más la encontré en ningún lado. Hoy, gracias a este loco, la pude volver a ver y entendí por qué me había quedado pegada". Esa me parece la mejor definición de lo que significa, en serio, una película de culto: no la que llenó salas, sino la que te cambia la cabeza en silencio y termina volviendo cuarenta años después, recobrada por la palabra de alguien que te cuenta por qué la amó.

SM
Silvia MenéndezCultura y espectáculos

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