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Tío Mario bajó la persiana y el sector del juguete se queda con otra herida en la góndola

La cadena cerró sus puertas tras una liquidación exprés en redes sociales, mientras la Cámara Argentina de la Industria del Juguete reportó una retracción cercana al veinte por ciento en el primer semestre y un mercado que ya acumula una caída de más del veintidós por ciento en la última década.

Por Mariano EtcheverryPuerto y pesca · 28 de septiembre de 2026 · hace 37 min

La juguetería Tío Mario concretó el sábado pasado el cierre definitivo de sus puertas después de una liquidación de mercadería que se difundió por sus redes sociales con un mensaje tan breve como contundente: Liquidamos todo por cierre, últimos días. La convocatoria, replicada por usuarios que lamentaron la despedida del comercio, dejó en evidencia no solamente el final de un punto de venta arraigado en el consumo familiar sino también el cuadro general que atraviesa la actividad, con ventas que vienen en retroceso y un cambio de hábitos que ya nadie en el sector discute.

La información fue ratificada por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), que en su último relevamiento detectó una caída cercana al veinte por ciento en las ventas del primer semestre de 2026 frente al mismo período de 2025. Se trata de un número que, leído en contexto, se suma a una retracción acumulada de aproximadamente veintidós por ciento entre 2015 y 2025, un registro que muestra que el achicamiento del mercado no es un fenómeno reciente ni excepcional sino una tendencia sostenida que la industria viene sufriendo hace por lo menos una década y que el presente no hace más que profundizar.

Un sector que se contrae de punta a punta

Julián Benítez, gerente de Relaciones Institucionales y Comercio Exterior de la CAIJ, describió un escenario que golpea a todos los eslabones por igual y que involucra tanto a los fabricantes como a los importadores, los distribuidores, los mayoristas y, en el último tramo, a las jugueterías que todavía resisten en los centros comerciales y las calles comerciales de los distintos barrios del país. Para la entidad, la salida de Tío Mario se inscribe dentro de ese cuadro general y no como un caso aislado, en la medida en que la estrechez del consumo se traslada de manera casi mecánica desde la producción hasta el mostrador, con efectos que se sienten primero en los márgenes y, más tarde, en la cantidad de locales habilitados.

Desde el sector fabril, el presidente de la CAIJ, Matías Furió, había advertido con tiempo sobre las complicaciones para organizar la producción de cara al Día del Niño. Explicó que los fabricantes necesitaban hacerse de materias primas con bastante anticipación para que los productos pudieran estar en las góndolas en menos de dos meses, una ventana logística que vuelve especialmente sensibles a los pequeños y medianos jugueteros, históricamente dependientes del crédito comercial y de proveedores que, ante un mercado que se achica, suelen endurecer las condiciones.

“Lo que se ve en góndola es la punta de un fenómeno mucho más profundo, porque cuando el consumo se retrae de esta manera, primero caen los márgenes, después los puntos de venta y, en el peor de los casos, se pierde capital industrial.”Lectura del sector a partir de los datos de la CAIJ

Benítez sumó a las cifras comerciales una lectura más de fondo y que interpela a toda la cadena. Los juguetes físicos disputan tiempo de uso con las pantallas y esa competencia, lejos de ser coyuntural, parece estructural porque atraviesa la manera en que las familias concienden el tiempo de ocio de los chicos. A eso se le agrega otro dato demográfico de peso, como es la reducción de la cantidad de hijos por mujer, fenómeno que achica el universo de usuarios efectivos en una proporción que ningún fabricante ni importador puede neutralizar por más campañas que despliegue. Para la cámara, esos dos elementos no son sólo tendencias de fondo sino factores centrales a la hora de explicar por qué un mercado que supo ser emblemático del consumo familiar hoy se enfrenta a un escenario des cerradas y liquidaciones express, como la que terminó de vaciar los estantes de Tío Mario.

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Mariano EtcheverryPuerto y pesca

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