Una nueva aventura en Raccoon City: Zach Cregger revive Resident Evil con una historia que se juega como en la pantalla
El director de Barbarian lleva al cine una trama original que recupera las calles, las criaturas y los acertijos de la franquicia de Capcom, con Paul Walter Hauser y Zach Cherry como científicos de Umbrella
A la salida del cine, mientras la gente acomodaba las entradas y comentaba las escenas más fuertes, escuché a un chico que le decía a su amigo "es igual que cuando jugaba en la Play, pero con más sangre". Esa frase me quedó dando vueltas porque resume bastante bien lo que propone esta nueva película de Resident Evil que acaba de llegar a las salas argentinas y que, lejos de ser una copia de los videojuegos, se anima a contar una historia propia ambientada en el universo que Capcom viene construyendo desde 1996. La dirige Zach Cregger, el mismo que se puso detrás de cámara en Barbarian, y la historia sigue a Bryan, un protagonista que se interna en Raccoon City con una linterna en la mano y muy pocas balas en el cargador.
Lo primero que llama la atención, y que los seguidores de la saga van a reconocer al toque, es que la película recupera esa lógica del survival horror en la que el personaje tiene que ir resolviendo obstáculos para avanzar: puertas cerradas a cal y canto, cerraduras que cuestan abrir, decisiones sobre cuándo disparar y cuándo guardar la poca munición que encuentra. Bryan consigue en el camino una pistola, una escopeta y un rifle de asalto, y hasta en una granja tiene que andar buscando cartuchos para hacer funcionar la escopeta, un guiño bastante directo a las horas que muchos pasamos buscando balas en los juegos.
Raccoon City otra vez en el centro de la escena
La acción se reparte entre escenarios que los fans tienen muy grabados: las calles de Raccoon City, una alcantarilla, una granja y un hospital. Allí funcionan los laboratorios de Umbrella, la farmacéutica detrás de los experimentos biológicos que desataron la pandemia de zombis y mutaciones que recorre toda la saga. En esta entrega, Paul Walter Hauser y Zach Cherry interpretan a dos científicos de la compañía que intentan poner un freno al desastre que ellos mismos ayudaron a provocar, y ese vínculo entre los investigadores y el desastre le da a la trama un costado más humano del que uno esperaría en una película de monstruos.
Porque las criaturas están, y son de las que dan cuero. En un granero aparece un perro cuya cabeza se abre para mostrar tentáculos, en el ascensor del hospital Bryan se topa con un bicho que le tira vómito ácido, y también hay un monstruo formado por fragmentos de cuerpos que va sumando restos con sus tentáculos y crece a medida que avanza la pelea. La linterna cumple el mismo rol que en los videojuegos: permite orientarse en la oscuridad, pero a la vez puede delatar la posición del personaje ante ciertos enemigos. Yo salí del cine con la sensación de haber recorrido otra vez esa mansión, esas calles y esa ciudad que marcaron a toda una generación de jugadores, y con la certeza de que Cregger entendió que la franquicia no se trata solo de zombis, sino de esos pasillos donde uno nunca sabe qué hay del otro lado.
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