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Una resina que se desarma con calor: el hallazgo suizo que podría cambiar el destino de los paneles de avión y tren

Investigadores del laboratorio federal Empa desarrollaron un epoxi ignífugo y a la vez reciclable, una combinación que la industria aeroferroviaria venía buscando hace años

Por Camila ZárateUniversidad y ciencia · 5 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Les cuento de qué va esto, porque parece un detalle técnico pero toca una discusión enorme: ¿qué hacemos con los aviones y los trenes cuando se jubilan? Los paneles del piso y del interior de cabina son estructuras multicapa, un sándwich de panal de aramida, fibras de vidrio o carbono y una resina epoxi que los pega a todos. Es liviano, aguanta golpes y es perfecto para el transporte. El problema aparece cuando ese panel se descarta: la resina curada no se puede derretir ni remodelar, así que el conjunto entero termina en un incinerador o en un vertedero. Nada se recupera.

Lo que logró el laboratorio federal suizo Empa, en sociedad con la empresa Elantas y con plata de la agencia de innovación Innosuisse, fue meterle un aditivo con fósforo a la resina epoxi. Ese aditivo cumple dos laburos a la vez: le da propiedades ignífugas al material y, al mismo tiempo, le permite ablandarse bajo condiciones controladas de temperatura. Pensalo como una pegamento escolar que se endurece para usar y que, con un poco de calor, vuelve a ser flexible y se despega.

La voz del pasillo

El investigador Sabyasachi Gaan lo resumió con una frase que me parece clave y se la traduzco porque la dijo en inglés: cuando hacés que un material sea ignífugo, siempre terminás alterando también sus otras propiedades. Y acá está lo lindo: la resina modificada conserva casi las mismas propiedades mecánicas que la convencional y, según los ensayos, cumple con los requisitos de seguridad contra incendios del sector aeronáutico y ferroviario. O sea, no se resigna nada.

Pero el paso más jugoso fue otro. Si a esa resina la tratás con un solvente adecuado y calor, el sándwich entero se desarma en sus partes originales: el panal de aramida, las capas de fibra tejida y, potencialmente, la propia resina. Recuperarlos por separado vale oro, porque tanto el aramida como la fibra de carbono cuestan una fortuna en el mercado. Hoy esos materiales valen cero cuando van a la basura.

Hablé con Juana Pereyra, becaria de un grupo de compuestos en Buenos Aires, y me dijo algo que me quedó dando vueltas: siempre nos enseñan que los termoestables son la caja fuerte de la industria, imposibles de abrir. Esto parece la primera ganzúa.

¿Y eso para qué sirve?

Sirve para varias cosas concretas. Para empezar, achicar la montaña de residuos que genera la industria del transporte, que es enorme. Después, para que componentes caros como la fibra de carbono vuelvan al circuito en lugar de terminar quemados. Y en el plano ambiental, para que un avión o un tren deje de ser un fin de camino y pase a ser un punto y aparte: lo que sale de un panel puede terminar siendo parte del próximo.

Igual, ojo con los fanatismos: la recuperación total de la propia resina todavía es una investigación abierta dentro del propio Empa. Falta camino. Pero el principio ya está demostrado en el laboratorio y eso, en este tema, ya es muchísimo.

CZ
Camila ZárateUniversidad y ciencia

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