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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Una serie incomodó a Washington y el Senado ya movió el tablero

La segunda temporada de “Los ensayos”, de Nathan Fielder, puso en jaque los controles psicológicos de los pilotos comerciales y empujó dos proyectos de ley que buscan cuidar la salud mental sin penalizar la licencia.

Por Silvia MenéndezCultura y espectáculos · · hace 1 h
Una serie incomodó a Washington y el Senado ya movió el tablero

A la salida de la función, un amigo me dijo algo que me quedó dando vueltas: “Esto que vimos en la tele terminó cambiándole la vida a gente que no sabe ni quién es Fielder”. Y la verdad es que, mientras uno recorre los pasillos del Senado de los Estados Unidos, la frase suena menos exagerada de lo que parece, porque lo que arrancó como un programa con cámara oculta, un piloto vestido de piloto y un diagnóstico un poco ambiguo, terminó recalando en un proyecto de ley que ya tiene media sanción y que promete modificar de cuajo la manera en que se cuida la salud mental de quienes nos llevan en el aire.

Una temporada que incomodó desde el primer capítulo

Lo que yo vi, cuando me senté a maratonearla, fue a un tipo que se hace pasar por piloto comercial y se somete a los exámenes médicos de rigor, con la complicidad de un psiquiatra y de un psicólogo con cara de no estar del todo cómodos. La segunda temporada de “Los ensayos”, del creador Nathan Fielder, estrenada en abril de 2025, se preguntó con un tono entre lo documental y lo absurdo cómo reducir los accidentes de aviación, y terminó exhibiendo algo que incomodó fuerte: pilotos con síntomas de ansiedad o depresión podían pasar los controles y ser declarados aptos para volar, incluso con un diagnóstico poco claro en la carpeta. Fielder llevó el experimento hasta un punto que a mí, como espectadora, me aceleró el pulso: con esa historia clínica ambigua, consiguió la habilitación para pilotear un Boeing 737 con pasajeros que, en realidad, eran actores.

Lo que vino después tampoco es menor. En los meses que siguieron al estreno, asistentes de varios congresistas citaron el programa al conversar con sus jefes sobre la necesidad de avanzar con una reforma que ya estaba en carpeta desde 2024, cuando distintos organismos especializados en salud mental le habían pedido a la Administración Federal de Aviación, la famosa FAA, que revisara sus criterios de aptitud. Lo que empezó como una discusión técnica de pasillo se transformó, con el ruido mediático mediante, en un debate político concreto.

El Senado dijo presente, la Cámara todavía no

  • Fortalecer los protocolos de atención psicológica para pilotos comerciales.
  • Facilitar que quienes lo necesiten pidan ayuda sin arriesgar su licencia de vuelo.
  • Alinear los criterios de la FAA con los estándares que ya manejan otras agencias del mundo.

En septiembre, el Senado estadounidense aprobó por unanimidad dos iniciativas, una por cada partido, que apuntan justamente a eso: a fortalecer los protocolos de atención psicológica para pilotos y a facilitar que quienes lo necesiten pidan ayuda sin poner en riesgo su licencia. Todavía falta la votación en la Cámara de Representantes para que la normativa se convierta en ley, pero el guiño bipartisan ya es, de por sí, una señal fuerte en un Congreso que suele trabarse hasta para ponerse de acuerdo con el menú del almuerzo.

“No sé si sirvió de algo, pero me agrada oírlo.”Nathan Fielder, creador de “Los ensayos”, en diálogo con Deadline

Fielder, consultado sobre el papel de la serie en todo este proceso, se mostró cauto, casi como pidiendo disculpas por la atención que le tocó: “No sé si sirvió de algo, pero me agrada oírlo”, le dijo al medio especializado Deadline. Me gusta esa mezcla de modestia y de ironía que tiene, porque lo que dejó en evidencia es algo que a veces se nos olvida cuando hablamos de series y plataformas: una producción bien contada, con un punto de partida concreto, todavía puede mover resortes que un informe técnico jamás movería.

A mí, lo que me queda dando vueltas es esa escena de la temporada en la que Fielder, ya con el apto en la mano, se sienta en la cabina de un Boeing 737 y, por un instante, uno deja de respirar. Es puro formato, sí, es televisión, sí, pero también es una pregunta que sobrevuela toda la serie: ¿qué tan expuestos estamos como pasajeros a controles que, en papel, nos cuidan, pero que en los hechos dejan filtrar lo que no deberían filtrar? Si la Cámara acompaña lo que el Senado ya aprobó, la respuesta empezará a escribirse en papel, con firma de legislador y todo, y una parte importante de ese camino se la vamos a deber a un programa que muchos miramos por curiosidad y que terminó incomodando hasta a Washington.

Y a la salida, mientras me subía al remise, una señora que también había visto la serie me dijo, casi sin aliento: “Ahora cada vez que me abrocho el cinturón pienso en el chico ese y me agarra algo en la panza”. No sé si es miedo, no sé si es conciencia, pero es, sin dudas, la mejor prueba de que hay ficciones que se escapan de la pantalla y se meten, para bien, en la vida real.

SM
Silvia MenéndezCultura y espectáculos

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