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Veinticinco años después, el viaje de la Compañía Easy sigue siendo un viaje que la pantalla chica no pudo repetir

La miniserie que HBO estrenó en septiembre de 2001, dos días antes del 11-S, se convirtió en un estándar del género bélico que ninguna producción posterior logró igualar. Una visita al fenómeno, a sus protagonistas y al fenómeno de un estreno que la historia cambió para siempre.

Por Silvia MenéndezCultura y espectáculos · 9 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo confieso de entrada: cuando uno repasa la platea estable de televidentes que todavía se sienta frente al televisor para ver una y otra vez las peripecias de la Compañía Easy, se topa con la imagen entrañable de un señor entrado en años, con el pañuelo de las Malvinas en el bolsillo del saco, que me dijo al terminar el primer capítulo que lo había visto por cuarta vez y que, igual que la primera, se le había humedecido la mirada cuando el sargento Winters le levanta la voz a un soldado en el entrenamiento de Toccoa. Ese hombre, como tantos otros, forma parte de un fenómeno que este año cumple un cuarto de siglo sin haber perdido un solo gramo de su potencia: Band of Brothers, conocida en Hispanoamérica como Hermanos de sangre, sigue siendo, a mi entender, la cima del género bélico en la televisión, y ninguna producción posterior, ni siquiera las del mismo equipo creativo, ha logrado igualarla.

Una apuesta de riesgo en el momento menos pensado

HBO estrenó los diez episodios el 9 de septiembre de 2001, apenas dos días antes de los atentados a las Torres Gemelas. La cadena había invertido 125 millones de dólares, el presupuesto más alto que una serie de televisión hubiera manejado hasta entonces, y la campaña de promoción se suspendió casi de inmediato por la tragedia. Sin embargo, los diez millones de espectadores del debut acompañaron la emisión hasta el final, y la serie construyó desde ahí un prestigio que el tiempo no ha erosionado.

El libro de Ambrose, la mirada de Spielberg y los veteranos que cuentan su propia historia

El material narra el recorrido del 506.º Regimiento de Infantería de Paracaidistas desde el entrenamiento en el campamento de Toccoa hasta la liberación de campos de exterminio en Europa, y se apoya con fidelidad en el libro homónimo que Stephen E. Ambrose publicó en 1992. La diferencia con cualquier otra reconstrucción ficcional está en una decisión de Steven Spielberg y Tom Hanks, productores ejecutivos: los veteranos reales de la Compañía Easy presentan cada episodio ante cámara y relatan en primera persona lo que les tocó vivir, y esa capa de testimonio directo le da al conjunto una densidad emocional que las reconstrucciones convencionales, por cuidadas que estén, difícilmente alcanzan.

Un elenco que después se volvió célebre

  • Damian Lewis, como el teniente Dick Winters, líder sereno y querido de la compañía.
  • Ron Livingston, Donnie Wahlberg, Kirk Acevedo y Michael Cudlitz, en el núcleo de soldados.
  • Michael Fassbender, James McAvoy, Simon Pegg y Tom Hardy, en papeles secundarios y en etapas muy tempranas de sus carreras.
  • David Schwimmer, el rostro más reconocible del elenco en aquel momento, encarnó al controvertido capitán Herbert Sobel.

Técnicamente, la producción apostó por una puesta en escena de escala cinematográfica: batallas rodadas con el lenguaje del cine bélico clásico, un diseño de producción minucioso y una dirección repartida entre varios realizadores, entre ellos Phil Alden Robinson y David Nutter. El presupuesto se nota en cada secuencia de combate, aunque la violencia nunca se vuelve gratuita ni ocupa el centro de la escena.

Lo que distingue a Hermanos de sangre de su hermana posterior, The Pacific, de 2010, es justamente la decisión de repartir el peso narrativo entre todo el batallón en lugar de concentrarlo en dos o tres figuras. Esa elección coral le da a la serie una textura de comunidad, de historia colectiva, que es quizá la razón por la que uno termina hablando de la Compañía Easy como si hubiera sido su propia compañía, y por la que, a la salida de cada revisita, sigue apareciendo alguien que, como aquel señor del pañuelo malvinero, se acerca y le dice al cronista, con una media sonrisa que ya se le está escapando: "Lo que más me gusta es que uno termina queriéndolos a todos como si fueran de la familia".

SM
Silvia MenéndezCultura y espectáculos

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