118 años y mil milanesas después: el bodegón de Villa Devoto que no se baja del ring
Fundado en 1908, el Bar Alemán pasó de cervecería con cancha de bochas a referente gastronómico del barrio. Carlos y Manolo lo levantaron en los ochenta y hoy resisten frente a las cadenas con un clásico que no falla: la milanesa napolitana para cuatro.
Te lo digo de entrada: si este finde te acercás por Villa Devoto, preparate para una mesa con cola. El Bar Alemán, en la esquina de Pedro Morán y San Martín, sigue convocando entre 350 y 400 almas un sábado cualquiera. Y eso que estamos lejos de los 21.000 cubiertos que llegaron a servir en diciembre durante los ochenta y parte de los noventa. La merma se nota, pero la esencia sigue intacta.
De cervecería con bochas a templo de la milanesa
El local abrió en 1908 como cervecería con glorieta, cancha de bochas y unos barriles enfriados con hielo a través de una serpentina de 120 metros que bajaba al sótano. Las palmeras que hoy identifican la esquina desde lejos eran, en ese entonces, apenas unos brotes que no le llegaban a la cintura a un adulto. El menú original giraba en torno a salchichas, chorizo alemán, ahumados, costillas de cerdo y chucut. Con el tiempo la carta se fue ampliando, aunque hay un plato que se convirtió en el emblema de la casa: la milanesa napolitana.
Los mozos recomiendan pedirla para tres personas, aunque en la práctica alcanza para cuatro y siempre queda para llevar. La cocina llega a despachar alrededor de mil unidades por mes, una cifra que habla por sí sola. Según me cuentan, cuando una preparación se viraliza en redes, ocho de cada diez mesas la piden. Esa exposición los obligó a ajustar la ejecución: la milanesa de hoy sale con una formulación más precisa que en los primeros años.
El golpe de timón de 1983
La etapa actual arrancó en diciembre de 1983, cuando Carlos y Manolo compraron el fondo de comercio con un contrato de alquiler que vencía en mayo. El primer fin de semana hicieron 700 cubiertos; arrancaron con siete mozos y terminaron la semana con catorce. En diciembre de 1984 el propietario original les renovó el contrato y dos años después les vendió la propiedad. La deuda se saldó con alquiler proporcional, sin hipoteca de por medio.
- 1908: apertura como cervecería con cancha de bochas y serpentina de 120 metros en el sótano.
- Diciembre de 1983: Carlos y Manolo toman el fondo de comercio con un alquiler que vencía en mayo.
- Primer fin de semana: 700 cubiertos y plantilla que pasó de 7 a 14 mozos.
- 1986: los nuevos dueños se quedan con la propiedad, pagada sin hipoteca.
- Hoy: 350 a 400 personas un sábado a la noche, con champán descorchado por los dueños para celebrarlo.
El local conservó detalles que los clientes pidieron mantener a lo largo de las décadas: los boxes de ligustrina y el piso de canto rodado que muchos recuerdan desde la infancia. Lo que cambió fue la cocina, que pasó de 30 a 80 metros cuadrados, y la instalación de aire acondicionado, que transformó un negocio casi estacional en un restaurante abierto todo el año. Algunos mozos llevan más de cuatro décadas atendiendo las mismas mesas.
La movida de las redes le sumó un público joven que llega tentado por los platos que circulan en las pantallas, y eso reconfiguró la propuesta sin traicionar el ADN. Es la pulseada de siempre: cómo sostener un bodegón histórico frente al avance de las cadenas. Acá, por ahora, la ganan la milanesa y las palmeras.
¿Dónde comer este finde?
Si te tinca la escapada, mi recomendación es concreta: sentate en el Bar Alemán de Villa Devoto y arrancá con una milanesa napolitana para compartir. Pedila para tres aunque sean cuatro: te va a sobrar, y al otro día agradecés tenerla en la heladera. Eso sí, andá temprano o preparate para hacer fila. Y ahora te paso la pelota: ¿qué bodegón histórico de tu barrio todavía vale la pena visitar? Me intriga leerlo.
