Albi, la ciudad de ladrillo rojo que esconde un museo único en el mundo
A pocas horas de los Pirineos y el Mediterráneo, esta joya medieval del sur de Francia tiene la catedral de ladrillo más grande del planeta y la colección más completa de Toulouse-Lautrec. Acá, por qué vale la pena visitarla.
Les cuento un secreto a voces: en el sur de Francia hay una ciudad que muchos pasan por alto y que, sin embargo, junta más patrimonio por metro cuadrado que varios destinos famosos. Se llama Albi, está en el valle del río Tarn, en la región de Occitanie, y tiene apenas 50.000 habitantes. Se recorre entera a pie, sin apuro, y deja esa sensación de estar pisando algo auténtico.
Una ciudad moldeada en ladrillo
Lo primero que llama la atención es el color. Todo es rojizo. Como en la zona no había canteras de piedra, los constructores medievales aprovecharon la tierra del río para fabricar ladrillo, y levantaron una ciudad entera con ese material. El ejemplo más impactante es la catedral Sainte-Cécile: la más grande del mundo construida en ladrillo, con un campanario de 78 metros. Adentro esperan frescos de 18 metros cuadrados en azul profundo, una decoración que la convierte en la catedral pintada más grande de Europa.
El castillo-palacio y el museo que son una joya
Pegado a la catedral está el Palacio de la Berbie, construido en el siglo XIII. Es uno de los castillos más antiguos de Francia, anterior incluso al Palacio de los Papas de Aviñón, y está perfecto de conservación. Desde su posición alta sobre el Tarn funciona como mirador natural, y los jardines de estilo francés, con canteros arabescos y flores al borde del agua, se pueden visitar gratis todos los días hasta las 18 (19 en verano).
Pero lo más singular es lo que guarda adentro: el Museo Toulouse-Lautrec, el único del mundo dedicado al artista nacido en Albi en 1864. La colección es impresionante: más de 220 pinturas, 560 dibujos y 185 litografías que recorren toda su obra, desde las escenas rurales de juventud hasta los afiches del Moulin Rouge y los retratos de la vida nocturna parisina. La entrada al museo se paga aparte; los exteriores y los jardines no tienen costo.
Patrimonio que suma y suma
Como si fuera poco, Albi atesora otra pieza única: el Mappa Mundi del siglo VIII, un pergamino considerado el más antiguo que representa al mundo, con 25 países señalados. Es un hito de la historia de la cartografía y, para mí, una de esas cosas que hacen que valga la pena tomarse el colectivo y meterse en cada museo de la ciudad. La UNESCO la declaró Patrimonio Mundial en 2010, y se entiende nomás pisar sus calles: cada esquina es un capítulo.
- Catedral Sainte-Cécile: la más grande del mundo en ladrillo, con frescos en azul profundo.
- Palacio de la Berbie: castillo del siglo XIII con miradores sobre el Tarn y jardines gratuitos.
- Museo Toulouse-Lautrec: la colección más completa del artista, con sus afiches del Moulin Rouge incluidos.
- Mappa Mundi del siglo VIII: el pergamino cartográfico más antiguo que se conserva, con 25 países.
A pocos kilómetros del centro, la región produce vinos bajo la Apelación de Origen Controlada Gaillac, con unas 400 bodegas. Después de una jornada caminando entre ladrillos medievales, una copa de Gaillac bien fresca en alguno de los patios del casco histórico es el cierre perfecto para el día.
