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Azcuénaga, el pueblo de 350 vecinos que se puso la gorra de destino gastronómico

A 100 kilómetros de Buenos Aires, este caserío del noroeste bonaerense reúne diez restaurantes, construcciones de hace más de un siglo y caminos rurales para una escapada de un día o de fin de semana.

Por Lucía CattaneoTurismo y temporada · 19 de septiembre de 2026 · hace 1 d

El finde arranca con buenas señales para Azcuénaga. La reserva se impone en casi todos sus diez restaurantes, sobre todo los domingos, y la ocupación hotelera muestra el mismo pulso de los últimos fines de semana de invierno: mesas que se completan y huéspedes que preguntan por cabaña con pileta antes de llegar.

Diez mesas para elegir

  • Almacén C&T: carnes y picadas en la antigua Casa Terren, de 1912, recuperada por la familia Coarasa.
  • La Porteña: pastas y osobuco con risotto de calabaza.
  • Lo de Grace: parrilla y pasta libre en una construcción rodeada de campo.
  • Cucina de Santo: pastas y mariscos.
  • Le Four: cocina francesa a cargo de Vanesa Plaza, con cordero con ciruelas.
  • La Posta y Silvestre: completan parte del circuito gastronómico.
  • Buffet del Club Recreativo Apolo: ravioles caseros y milanesas de Marcelo Santander y Marcela Ronco, la opción entre semana.

Para mí, que vengo siguiendo la movida, lo más interesante es cómo se sostiene el pueblo con solo 350 habitantes. Comparado con esta misma fecha del año pasado, la grilla se amplió: hoy son diez los restaurantes donde se puede parar la cuchara, cuando antes el circuito era más corto. La demanda manda y los fogones se multiplican.

Dónde dormir y qué recorrer

Para quedarse a dormir hay donde elegir. La Piamonte le sumó habitaciones al edificio que ocupaba la Fonda de Sforzini desde 1903, justo frente a la antigua estación ferroviaria. La Magnolia funciona en una casona rural, Rancho Aparte ofrece cabañas con pileta, El Nido suma otra alternativa y, algo más alejados, aparecen Los Vagones de Areco.

El paseo a pie lleva a las construcciones centenarias y, en pocas manzanas, ya se está pisando campo. Por los caminos rurales circulan bicicletas y motos, con condiciones que cambian según el clima: barro o tierra seca, según cómo venga la semana. En los alrededores se cruzan liebres, vizcachas y lechuzas, parte del paisaje que hace al pueblo.

Pan con historia y una capilla de 1907

Entre las paradas obligadas está La Moderna, una panadería fundada en 1917 donde Laura González y sus hijas elaboran galleta de campo en un horno a leña. Más allá, la capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1907, abre los fines de semana gracias a Ramona Lescano, que recibe a los curiosos con la puerta abierta.

Con almuerzo, caminata y alojamiento, la escapada se arma a medida: un día con retorno a casa o una noche para dejarse estar. Si buscan un lugar concreto donde sentarse a la mesa, yo les recomiendo La Porteña: los pastas con osobuco y el risotto de calabaza son de esos platos que justifican el viaje de 100 kilómetros. ¿Qué elegirían conocer ustedes en una escapada a Azcuénaga?

LC
Lucía CattaneoTurismo y temporada

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