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Cuando el chat enciende la alarma: por qué leemos mensajes que todavía no existen

Las psicólogas Karina Carreño y Marina Mammoliti describen cómo una respuesta corta o una demora se transforman en sospecha, y qué herramientas proponen para cortar ese círculo antes de que la discusión empiece.

Por Ana PardoNecochea y Pinamar · 17 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A todos nos pasó alguna vez: mirar el celular, ver un "ok" o una respuesta que llega más tarde de lo esperado y sentir que se nos cae el mundo encima. Lo que para muchos es un mensaje sin importancia, para otros se convierte en la prueba de que algo anda mal en la pareja. La diferencia entre un hecho y una suposición puede ser el borde entre una noche tranquila y un conflicto que se estira hasta la madrugada.

Un "ok" no es un diagnóstico

La neuropsicóloga Karina Carreño lo explica con una distinción simple pero poderosa: una cosa es lo que pasó y otra cosa es el significado que le estamos cargando. Que la pareja haya contestado con dos palabras es comprobable; que esté enojada, distante o perdiendo interés, no. Esa segunda lectura es interpretación, y suele funcionar como un espejo de los propios miedos más que como una radiografía de lo que siente el otro.

Para Carreño, la recomendación es concreta: antes de responder a la defensiva, conviene regular la ansiedad y preguntar de manera directa. Hacerlo no solo baja la incertidumbre, sino que desactiva la reacción de alerta que dispara el cerebro cuando algo no encaja con lo que esperábamos.

El silencio propio como punto de partida

La psicóloga Marina Mammoliti propone un giro de foco que suele ser el más difícil de aceitar: en vez de intentar descifrar a la otra persona, mirar para adentro. Preguntarse qué emoción aparece cuando llega ese mensaje frío o ese "luego te cuento" que no termina de llegar. Reconocer si hay miedo al abandono, si aparece la inseguridad o si una experiencia anterior está condicionando la lectura del presente es, para Mammoliti, el primer paso para interrumpir la cadena de interpretaciones.

  • Distinguir el hecho del significado: responder con pocas palabras es un dato; estar molesta, una suposición.
  • Regular la ansiedad antes de escribir y preferir una pregunta directa antes que una conclusión.
  • Observar la emoción propia antes de leer la del otro, para separar lo que siento de lo que imagino.
  • Aprender a convivir con la espera: no siempre habrá una respuesta en el momento justo.
  • Volver a los hechos y abrir el diálogo antes de que la conjetura se transforme en discusión.

Por qué al cerebro le cuesta quedarse quieto

Carreño señala que, cuando falta información sobre los pensamientos o sentimientos del otro, el cerebro intenta completar ese vacío. Para hacerlo, recurre a experiencias previas, a viejos miedos, a inseguridades que muchas veces ni siquiera están ligadas a la relación actual. Así, una demora de veinte minutos en responder queda asociada a una pérdida de interés, aunque no haya un solo elemento que sostenga esa conclusión. La proyección se vuelve evidencia y la evidencia se vuelve prueba.

Mammoliti advierte que las experiencias dolorosas pesan en esa lectura. Una necesidad genuina de estar a solas puede leerse como indiferencia si hay miedo al abandono. La baja autoestima, la inseguridad o antecedentes de infidelidad funcionan como combustible para la búsqueda desesperada de confirmaciones, y muchas veces terminan derivando en intentos de controlar al otro. Ahí es donde la confianza empieza a deteriorarse, no por lo que la pareja hizo, sino por lo que se construyó alrededor de lo que no se sabe.

Lo que falta y quién debería hacerse cargo

Como me decía Silvia, una vecina de Necochea a la que le cuento estos temas mientras tomamos café en la rambla, "el problema no es el mensaje, es todo lo que le metemos adentro antes de que la otra persona abra la boca". En las parejas, lo que falta casi siempre es información, y esa información no la da la pantalla ni las suposiciones: la da la conversación cara a cara, la pregunta a tiempo y la disposición a escuchar la respuesta, incluso cuando no es la que queremos recibir. Es tarea de los dos. Pero el primer paso es entender que lo que nos alarma en un chat muchas veces habla más de nosotros que de la persona del otro lado.

AP
Ana PardoNecochea y Pinamar

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