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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Cuando el estómago de una ballena se vuelve confesionario: la apuesta de Whalefall

Austin Abrams carga solo con un filme que empieza como supervivencia extrema y se transforma en una historia de padre e hijo que nunca se dijeron todo.

Por Silvia MenéndezCultura y espectáculos · · hace 38 min
Cuando el estómago de una ballena se vuelve confesionario: la apuesta de Whalefall

Me acomodé en la butaca sin saber bien con qué me iba a encontrar, y la primera imagen que me quedó grabada fue la de Austin Abrams, solo, cubierto de una sustancia oscura y viscosa, golpeando las paredes del estómago de una ballena con la desesperación de quien sabe que cada segundo cuenta. Esa escena inicial resume todo el espíritu de Whalefall, la nueva película que dirige Brian Duffield, un director que ya había demostrado pulso para mezclar géneros en productions previos. Lo que arranca como una historia clásica de supervivencia en un espacio mínimo se va corriendo de a poco hacia un territorio mucho más íntimo: el de la relación entre un hijo y su padre muerto, reconstruida mediante flashbacks y diálogos que el protagonista mantiene mientras pelea por salir vivo. La apuesta es inusual, porque combina el cine de encierro más visceral con un drama familiar cargado de silencios.

Un protagonista que sostiene todo

Austin Abrams, a quien varios recordarán por su paso por Resident Evil, se queda prácticamente solo en pantalla durante gran parte del metraje, y eso es tanto su mayor logro como el principal riesgo del filme. Su personaje transita entre el agotamiento físico de buscar una salida en un entorno diseñado con un trabajo visual notable, y el peso emocional de esa conversación interrumpida con la figura paterna. La propuesta estética del interior del cetáceo funciona bien para transmitir la ansiedad de enfrentarse a la muerte en condiciones extremas, y hay secuencias donde la tensión se vuelve casi insoportable. El tono, dicen quienes siguieron el proyecto, remite a producciones como Ad Astra, ese tipo de películas donde la soledad del personaje es tan grande como el vacío que lo rodea.

Un final apoyado en efectos y una recepción que será dispar

El tramo final se apoya con fuerza en efectos visuales generados por computadora y busca una conclusión de mayor escala, aunque el camino hasta ahí incluye escenas de escape que se repiten con el margen de maniobra acotado por la lógica del espacio. ¿El veredicto? La película divide aguas. Habrá espectadores que salgan sacudidos por la exploración de una relación filial que nunca terminó de cerrarse, y otros que sientan que el equilibrio entre la acción y el melodrama familiar no termina de cuajar. La propuesta visual y el punto de partida tan particular la distinguen dentro del género, pero el resultado final depende, como pasa con estas historias, de cuánto resuene cada uno con la mochila emocional que trae a la sala.

“A mí me pasó que cuando terminaron los créditos me quedé un rato en la butaca pensando en cosas que no le dije a mi viejo, y eso no se lo saca nadie.”Espectador a la salida de la función de prensa
SM
Silvia MenéndezCultura y espectáculos

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