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Cuidar el cerebro también es cosa del corazón: lo que dejó el mayor estudio sobre memoria hecho en América Latina

Un ensayo con 1.065 adultos mayores de 11 países, coordinado desde Buenos Aires, probó que mover el cuerpo, comer mejor, ejercitar la mente y controlar la presión sirve para proteger la memoria. Especialistas explican cómo llevar esos hábitos a la vida diaria, incluso en ciudades chicas.

Por Ana PardoNecochea y Pinamar · 16 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Tengo 52 años y cada vez que olvido dónde dejé las llaves pienso en mi madre, que a los 78 empezó a preguntar dos veces lo mismo. Por eso me detuve a leer con calma el encuentro internacional que se hizo en Buenos Aires, donde se presentaron los resultados de LatAm-FINGERS, el estudio más grande hecho en América Latina sobre prevención de la demencia. La conclusión central es reconfortante: comer mejor, moverse, entrenar la cabeza, mantener vínculos y controlar la presión arterial no son consejos de revista, sino una estrategia concreta para cuidar la memoria.

Qué midió el estudio y a quiénes incluyó

Durante dos años se siguió a 1.065 personas de entre 60 y 77 años, repartidas en 11 países de la región. A todos se les ofrecieron recomendaciones para incorporar hábitos saludables; a la mitad, además, se los acompañó con actividades organizadas y un contacto frecuente con equipos de salud. La idea fue ver si una intervención más estructurada marcaba una diferencia real en pruebas de memoria y atención.

  • El grupo con acompañamiento registró una mejora en la cognición global frente al grupo con recomendaciones generales.
  • El 80 por ciento de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta al programa.
  • El 84,9 por ciento completó la evaluación final, un dato raro en estudios de este tipo.
  • Se evaluaron cinco pilares en conjunto: alimentación, ejercicio físico, entrenamiento cognitivo, vida social y control de factores cardiovasculares.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS

Eso último me parece lo más importante para los que vivimos lejos de los grandes centros. Crivelli, desde FLENI, explicó que las pautas de alimentación y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y costumbres de cada comunidad. Es decir, no se les pidió a los participantes que hicieran dieta de gimnasio ni que viajaran a un hospital de excelencia: se trabajó con lo que cada lugar tenía.

Por qué el corazón es el primer escudo del cerebro

Los especialistas fueron claros en el encuentro: la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto y el tabaquismo lastiman los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro. Por eso la estrategia preventiva pone en el centro los chequeos periódicos de presión, glucosa y colesterol. Controlar esos números no es un tema de cardiólogo nada más: es también una manera directa de proteger la memoria a diez, veinte años vista.

Pensemos en un pueblo costero. Para llegar a Necochea desde Buenos Aires hay unos 530 kilómetros por la ruta 2 y la 226, y el hospital más cercano con resonador queda a varias horas. En esos lugares, la consulta con un clínico que controle la presión y pida un análisis de sangre una vez al año vale oro. Como me dijo Jorge, vecino de Pinamar de toda la vida: A mí me cuidan la presión y la glucemia en el centro de salud del barrio, y con eso ya estoy haciendo memoria, aunque suene raro.

Los investigadores aclararon algo que vale repetir: los resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. Lo que muestran es que sumar varios hábitos a la vez, y sostenerlos, mejora el rendimiento cognitivo medido en pruebas. Es un mensaje prudente, pero poderoso: no hay varita mágica, hay un plan cotidiano.

Lo que me llevo como periodista y como hija es esto: la prevención de la demencia no empieza en un laboratorio caro ni en una pastilla nueva. Empieza en la mesa familiar, en la caminata por la rambla, en la charla con el vecino, en el control de presión que muchos postergan. A nuestros pueblos todavía les falta justamente eso: equipos de salud que salgan a buscar a los mayores de 60, clubes y centros de jubilados que ofrezcan actividad física adaptada, y políticas públicas que financien controles cardiovasculares periódicos. Quien tiene que resolverlo son los municipios, las obras sociales y el Estado nacional. Mientras tanto, cada uno puede empezar mañana con el tenedor, las zapatillas y el control de la presión arterial.

AP
Ana PardoNecochea y Pinamar

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