Después de los 30, los huesos también se entrenan: claves para cuidarlos antes de que avisen
La masa ósea llega a su pico cerca de los 30 y, a partir de ahí, empieza un lento retroceso. La especialista Elaine Dennison repasó qué hacer para sostenerla y por qué una fractura sin grandes golpes puede ser la primera señal de alerta.
Una fractura después de una caída desde la propia altura, sin un gran golpe de por medio, no es un descuido: suele ser un mensaje del cuerpo. Para la especialista Elaine Dennison, es una de las pistas más claras de que el hueso viene perdiendo densidad sin que nadie lo notara. La osteoporosis, me dijo, es silenciosa: trabaja en las sombras hasta que aparece una lesión.
Y acá viene lo que más me llamó la atención: el reloj de los huesos empieza a marcar diferencias mucho antes de la vejez. La masa ósea llega a su máximo cerca de los 30 años y, a partir de ahí, el tejido sigue renovándose, pero pierde volumen cuando la degradación le gana a la formación. Es como una cuenta bancaria: después del pico, lo que importa es no gastar más de lo que entra.
Cuándo conviene ir al médico antes de que duela
Dennison recomienda consultar cuando hay antecedentes de fracturas de cadera, muñeca o columna en la familia, cuando se usan corticoides durante tiempo prolongado, cuando se fuma o cuando se convive con enfermedades que complican la absorción de nutrientes. La densitometría DEXA y herramientas como FRAX permiten mapear el riesgo y decidir cómo seguir.
Una becaria de la facultad me lo resumió con una imagen que me quedó dando vueltas: 'Si tu abuela se rompió la cadera por una pisadita en falso, eso es un dato clínico, no una anécdota familiar'. Tiene razón: la historia clínica arranca mucho antes que la consulta.
Mover el esqueleto, no solo el cuerpo
Para estimular al hueso, Dennison destacó las actividades con carga: ejercicios de fuerza, subir y bajar de una plataforma, correr o saltar. La idea es simple: el hueso se adapta a la exigencia que recibe, igual que un músculo. Cuando los músculos tiran, también le transmiten tensión al esqueleto y lo ayudan a mantenerse firme.
Ahora, un dato que suele confundir: la natación es excelente para el corazón y los músculos, pero el agua sostiene el cuerpo y le quita carga al esqueleto. Por eso no produce el mismo estímulo mecánico que caminar, trotar o levantar peso. No es mala: es distinta. Y para quienes tienen baja densidad en la columna o antecedentes de problemas de espalda, levantar pesas pide orientación profesional previa, porque forzar mal puede ser peor que no hacer nada.
Qué poner en la mesa para sostener al hueso
En la alimentación, el calcio y las proteínas son los grandes aliados. Leche, yogur, queso, alimentos fortificados y algunos vegetales de hoja verde aportan el mineral. La vitamina D es la llave que permite que el calcio se absorba y se fije en el hueso, y Dennison también mencionó a las vitaminas K y C y al magnesio como parte de una dieta equilibrada, con frutas y verduras todos los días.
Y acá va algo que la menopausia suele pasar por alto: la caída de estrógenos puede acelerar la pérdida ósea y romper el equilibrio entre formación y degradación. Lo mismo ocurre con algunas enfermedades crónicas y con medicamentos como los corticoides. Por eso el cuidado empieza a definirse antes de los 50, no después.
¿Y eso para qué sirve? Para entender que cuidar los huesos no es cosa de abuelos. Es decidir hoy, con comida, movimiento y controles a tiempo, que una caída en la tercera edad no termine en una fractura que cambie la vida. Empezar a los 30, mantener a los 50 y ajustar a los 70: tres etapas, un mismo hueso.
