Dieciocho inversores denuncian penalmente a Hernán Casciari por siete producciones que, dicen, nunca rindieron
Aportaron entre 50 y 3.000 dólares por proyecto durante cinco años y, según la presentación judicial, recuperaron menos del 3% en la mayoría de los casos; la causa quedó radicada en la Fiscalía N.º 16.
Me crucé con la noticia en una mañana de esas en que uno se sienta frente al teclado todavía con el café en la mano, y la verdad es que la historia me golpeó más de lo que esperaba, porque detrás de cada número hay alguien que se sacó el pan de la boca para apostar por una idea que le prometieron y que, según sostienen ahora en una denuncia penal radicada ante la Justicia porteña, nunca terminó de cumplirse. Son dieciocho personas las que dieron un paso que no debe haber sido fácil: presentar una denuncia penal contra el escritor Hernán Casciari y contra su empresa Orsai Audiovisuales, alegando que invirtieron en siete proyectos audiovisuales entre 2020 y 2024 y que, en la mayoría de los casos, recuperaron menos del 3% de lo que habían puesto. La presentación la hizo el abogado Ariel Gil Ces ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 34 y quedó radicada en la Fiscalía N.º 16, y a mí, como cronista, me parece que ese dato procesal es el que le da a esta historia el peso de una noticia que ya no vive solo en el mundo del café y los rumores, sino en el de los tribunales.
Cómo se llegó hasta acá
Lo que cuenta el escrito judicial al que tuve acceso es, si me permiten la palabra, desgarrador: los denunciantes aportaron sumas que iban de 50 a 3.000 dólares por proyecto, y entre todos reunieron aproximadamente 23.640 participaciones, una cifra que no equivale a personas únicas, porque varios de ellos compraron bonos en más de una producción, lo cual habla de una confianza que se fue sosteniendo durante años y que, según sostienen, se fue apagando de golpe. El primer proyecto que figura con nombre y apellido en la denuncia es el documental Sola en el Paraíso, lanzado en 2020 con 938 participaciones y dedicado a la actriz Justina Bustos durante la pandemia; según el escrito, la obra terminó publicada gratuitamente en YouTube sin aviso previo a quienes la habían financiado, y eso lo expresó con mucha crudeza una de las denunciantes, María Alecia Izturriaga, que había comprado un bono de 50 dólares y que me parece que resume el sentimiento general cuando dice, y la cito textual, que encima de que no se promocionó ni se supo más nunca qué pasó con eso, la suben gratis sin avisar.
- La Uruguaya, basada en la novela de Pedro Mairal, habría recaudado unos 600.000 dólares a través de 1.967 participaciones y fue vendida a Disney por el mismo valor que costó producirla, lo que permitió recuperar el capital pero sin rentabilidad; para juntar esa plata se usó la cuenta bancaria personal del futbolista uruguayo Sebastián Fernández en el Banco Santander de Uruguay.
- Canelones, anunciada primero como miniserie de seis capítulos, luego como cuatro episodios y finalmente como película, reunió 5.495 participaciones desde 2021 y, según los denunciantes, nunca tuvo rendiciones económicas diferenciadas por etapa; Marcelo Vaccarili, que aportó 1.200 dólares, declaró que cuando los actores elegidos fueron actores reconocidos como Barassi, Rada, Llinás y Bordón, no tuvo dudas del éxito de la serie, y el estreno en cines fue anunciado para el 6 de agosto de 2026.
- La Muerte de un Comediante, la ópera prima de Diego Peretti, es el proyecto con más reclamos: juntó 10.139 participaciones y una recaudación de más de 1.800.000 dólares, pero los retornos informados por los denunciantes van de 1 a 84,60 dólares; Sebastián Angelini, que invirtió 2.900 dólares, contó que su objetivo era abrir un negocio con las ganancias esperadas, y durante el estreno del 20 de noviembre de 2025 la película se proyectó sin subtítulos en varias salas, un detalle que me parece menor comparado con lo económico pero que completa el cuadro.
Yo no estoy en posición de decir aquí quién tiene razón ni quién miente, porque la causa acaba de empezar y faltan muchas pericias, muchas audiencias y, sobre todo, muchas versiones cruzadas; pero sí me animo a decir que cuando dieciocho personas se juntan para llevar a un escritor querido a la Justicia, algo no funcionó como debía, y que el consuelo de pensar que el cine independiente se hace con sacrificio no les devuelve a estos inversores ni los 50 dólares del bono más chico ni los 3.000 del más grande. A la salida del estudio del doctor Gil Ces, una señora que prefirió no dar su nombre me dijo, y lo guardo como se guardan las frases que valen una nota: yo no me quejo de haber perdido, me quejo de que nunca me dijeron la verdad, y esa frase, créanme, se me quedó rebotando todo el camino de vuelta.
