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Dolor de rodilla a la noche: cuándo aguantar y cuándo ir al médico, según un especialista

Un traumatólogo deportivo repasó qué sirve para aliviar la molestia en casa, por qué se siente más al acostarse y en qué momento conviene pedir turno. Incluye consejos prácticos y advertencias sobre los analgésicos más comunes.

Por Camila ZárateUniversidad y ciencia · 16 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acomodarse en la cama, cambiar de posición, ponerse hielo o tomar un ibuprofeno: cuando la rodilla empieza a molestar de noche, la tentación es resolverlo rápido y a la madrugada. Pero el especialista en medicina deportiva Wesley Baker dejó algo claro: si el dolor le roba el sueño o le arruina la rutina, no hay almohada ni crema que reemplace una consulta médica.

Por qué duele más cuando nos acostamos

Pongámoslo en criollo: la rodilla es como una bisagra que necesita aceite para funcionar bien. Mientras caminamos o flexionamos la pierna, el movimiento va repartiendo ese líquido sinovial, que es el lubricante natural de la articulación. Cuando nos tiramos en la cama y la quietud se hace dueña de la noche, el líquido se queda quieto y la articulación queda más seca. Entonces, todo lo que estuvo inflamado o cargado durante el día empieza a quejarse. Como cuando dejamos el auto parado mucho tiempo y al querer arrancarlo suena todo.

“El movimiento ayuda a mantener lubricada la articulación. Al bajar la actividad durante el reposo, disminuye esa lubricación y puede percibirse más el dolor acumulado.”Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria

Qué puede estar detrás

El dolor nocturno no es un diagnóstico en sí mismo: es una señal de que algo está pasando. Las causas más frecuentes que mencionó Baker son tres: lesiones (un golpe viejo que nunca terminó de cerrarse, por ejemplo), inflamación (la típica tendinitis del que corre o sube escaleras todo el día) y artritis (el desgaste de la articulación, que se vuelve más rígido con los años).

Acá me detengo a charlar con Tomás, un becario del laboratorio que corre cinco veces por semana por el parque Centenario: "Yo siento las rodillas como piedras cuando me acuesto, sobre todo después de los fondos largos del domingo. Pensé que era normal, pero el especialista dice que el pavimento acumula impacto y al final del día se cobra la factura". Y eso conecta con lo que aclaró Baker: correr sobre superficies duras deja una carga que se siente al terminar la jornada.

Cuidado con lo que se toma

Antes de salir corriendo a la farmacia, Baker tiró una advertencia que vale anotar. El ibuprofeno y el naproxeno son antiinflamatorios que suelen estar en cualquier mesa de luz, pero pueden chocar con anticoagulantes como el acenocumarol o la aspirina en dosis cardiológicas. En esos casos, el paracetamol aparece como alternativa, aunque la elección final siempre tiene que charlarse con el médico de cabecera. Como me dijo Lucía, una estudiante de Farmacia que colabora con nosotros: "El paciente automedicado es el que más termina en guardia un domingo a las tres de la tarde".

Para mover las rodillas sin martirizarlas, el especialista sugirió cambiar el asfalto por la pileta o la bici. La natación y el ciclismo permiten ejercitarse con menos impacto y, de paso, mantienen lubricada la articulación durante el día, lo que ayuda a que la noche sea más tranquila.

¿Y eso para qué sirve? Para entender que la rodilla que cruje a la madrugada no es un capricho del cuerpo, sino un mensaje. Si el dolor lo despierta, le impide dormir del tirón o le complica subir una escalera, la almohada y el hielo son parches útiles mientras se saca turno, pero no reemplazan al profesional. Identificar la causa (lesión, inflamación o artritis) es lo que define si el tratamiento es kinesiología, un cambio de entrenamiento, un ajuste de medicación o algo más. Apretar los dientes no es solución: es postergación con consecuencias.

CZ
Camila ZárateUniversidad y ciencia

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