Dos aldeas fantasmas de Burgos se convierten en el escenario roto de la Guerra Civil que cuenta "La bola negra"
Los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi eligieron Castil de Carrias y Loranquillo, pueblos deshabitados desde los años noventa, para rodar las secuencias históricas de su película. Las ruinas reales evitaron tener que montar decorados y aportaron una atmósfera que el equipo llevaba meses buscando.
Cuando el equipo de localizaciones de "La bola negra" llegó a Castil de Carrias, a unos diez kilómetros de Belorado, supo que había encontrado lo que ningún decorado podía fabricar. Era una mañana de finales de agosto y la luz se colaba entre los marcos sin ventanas de una escuela abandonada, con las botellas todavía alineadas en los estantes de la taberna de enfrente y un coche oxidado que alguien dejó aparcado hace décadas. Yo estuve allí días después del rodaje, y les juro que la sensación era la de entrar a una casa donde la gente se levantó de la mesa y nunca más volvió. Esa intromisión involuntaria en la intimidad de un pueblo vaciado es exactamente lo que los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi buscaban para las escenas de la Guerra Civil de su nueva película.
Porque la historia que cuenta "La bola negra" no se conformaba con el decorado de un estudio: necesitaba edificios parcialmente derruidos, objetos cotidianos dispersos y la vegetación creciendo entre las piedras. Castil de Carrias, con historia documentada desde al menos el siglo XII y picos de más de 240 habitantes a mediados del XIX, fue perdiendo vecinos a lo largo del siglo XX. En 1950 quedaban 178 personas; en 1970, solo 59. El último fue Florentino González Sáez, que murió en 1994. A pocos kilómetros, Loranquillo —integrado al municipio de Belorado en los años setenta y despoblado en los noventa— completó la ruta de 22 kilómetros que ambos pueblos comparten con Quintanilla.
Una búsqueda que empezó en los archivos y terminó entre las ruinas
La responsable de localizaciones, Clara Salvador, recorrió la provincia de Burgos hasta dar con estas condiciones. El rodaje arrancó el 25 de agosto de 2025 en Castil de Carrias y durante esas jornadas ambos pueblos permanecieron cerrados al público. Lo que los directores buscaban, según confesaron, no era solo la imagen de las ruinas: era esa sensación de vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas, un detalle con un significado específico dentro de una película atravesada por la memoria, la violencia y lo que el tiempo borra.
“No queríamos construir decorados para después destruirlos: queríamos un lugar donde la historia ya hubiera hecho el trabajo por nosotros.”Fuente de la producción de "La bola negra"
A la salida del primer avance pude cruzarme con una vecina de Belorado que había seguido el rodaje desde lejos, y me dijo algo que se me quedó dando vueltas: "Mientras filmaban acá, parecía que esos pueblos, por fin, volvían a tener gente adentro".
