El blue se despegó apenas y la tarjeta cruzó la barrera de los dos mil pesos por dólar
La divisa informal abrió la rueda del jueves con una suba de cinco pesos hasta los $1.545 para la venta, en una jornada donde la diferencia con el oficial volvió a quedar por debajo del uno por ciento y donde el tipo de cambio que pesa sobre los consumos en el exterior ya se ubica por encima de los $1.995.
El mercado cambiario argentino arrancó la jornada del jueves con una señal que, aunque pequeña en términos absolutos, vuelve a dejar al descubierto la fragilidad del ancla cambiaria que el equipo económico intenta sostener desde hace meses: el dólar blue trepó cinco pesos en las primeras cuatro horas de operaciones y se instaló en los $1.545 para la venta, contra $1.525 en la punta compradora, lo que configura una brecha de apenas veinte pesos entre ambas cotizaciones y ratifica que la presión compradora sobre la divisa informal no se ha disipado, pese a los esfuerzos oficiales por licuar esa demanda a través de los distintos tipos de cambio financieros y de la propia dinámica del mercado oficial, donde el Banco de la Nación Argentina ofrece la divisa a $1.485 para la compra y a $1.535 para la venta, con lo cual la diferencia entre el precio de pizarra del banco estatal y la cotización del blue en la City porteña se reduce a apenas diez pesos, un porcentaje que ronda el 0,7% y que constituye uno de los niveles de compresión más bajos de los últimos tiempos.
Los dólares financieros quedaron en el medio de la cancha
Para los operadores que se mueven en el segmento bursátil, el menú de cotizaciones alternativas volvió a mostrar una jerarquía clara: el dólar MEP, conocido también como dólar bolsa, se negocia a $1.530,70 en la punta compradora y a $1.532,20 en la vendedora, mientras que el contado con liquidación, que refleja el precio de los activos locales negociados en el exterior y que suele tomarse como referencia para operaciones de mayor volumen y para el pago de deudas externas, se ubica en $1.593,60 para la compra y en $1.594,10 para la venta, configurando una escalera en la que el oficial queda en la base, el blue y el MEP pelean palmo a palmo por el segundo escalón y el CCL aparece claramente por encima, con una diferencia superior a los cincuenta pesos respecto de la cotización paralela de referencia.
En el mercado cripto, mientras tanto, la cotización del dólar se ubica en $1.584,59 para la compra y en $1.588,70 para la venta, valores que, como viene ocurriendo desde hace varias ruedas, se intercalan entre el MEP y el contado con liquidación, lo que vuelve a confirmar el rol de las stablecoins como una referencia marginal pero crecientemente consultada por los ahorristas que buscan dolarizarse de manera rápida sin pasar por la rueda formal.
La cifra que más duele: el dólar tarjeta ya supera los $1.995
Pero el dato que más impacto tiene sobre el bolsillo de los consumidores cotidianos no es el del blue ni el del oficial, sino el del tipo de cambio que los bancos aplican a los consumos en moneda extranjera cargados en las tarjetas de crédito, que este jueves trepó a $1.995,50 por unidad, lo que en los hechos significa que cada dólar gastado en el exterior, ya sea en un viaje, en una compra por plataformas digitales o en el abono de servicios de streaming y suscripciones internacionales, termina costando prácticamente dos mil pesos al momento de pagar el resumen, y eso sin contar el impacto del impuesto PAIS ni de las percepciones a cuenta de Ganancias y Bienes Personales, que pueden elevar todavía más el costo final dependiendo de la situación fiscal de cada contribuyente.
En paralelo, el riesgo país elaborado por JP Morgan, que mide el sobrecosto que paga la deuda soberana argentina respecto de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y que funciona como termómetro de la confianza de los inversores externos sobre la capacidad de pago del Estado nacional, se ubica en 491 puntos básicos en la jornada, un nivel que, si bien resulta inferior al registrado en los picos de tensión de los últimos meses, sigue ubicándose muy por encima de los registros previos a la crisis de deuda y deja en evidencia que el crédito externo para la Argentina continúa siendo caro y escaso, en un contexto donde el Tesoro sigue dependiendo de manera creciente del financiamiento del propio Banco Central y de los organismos internacionales para sostener la cadena de pagos.
El cuadro de situación, leído en conjunto, muestra una economía que sigue funcionando con múltiples tipos de cambio simultáneos, donde cada uno cumple una función específica y donde la distancia entre el oficial y el blue se ha vuelto tan pequeña que ya no alcanza para explicar la dinámica cambiaria por sí sola: lo que realmente pesa sobre las decisiones de ahorro, de consumo y de inversión es el dólar tarjeta, que en la práctica se ha transformado en la cotización más relevante para buena parte de las familias argentinas, y es justamente esa referencia la que terminó de cruzar, en esta rueda, la barrera simbólica de los dos mil pesos por unidad, un umbral que vuelve a poner en discusión la competitividad del consumo en el exterior y la viabilidad de sostener un esquema cambiario donde el ancla del oficial convive con un paralelo que ya casi no se distingue de él y con un dólar financiero que se encarga de recordarle al mercado que, en definitiva, los precios relativos de la economía argentina siguen dolarizados, les guste o no a los responsables de la política monetaria.
