El comensal nuevo: come menos, comparte más y dispara antes de probar
Cuatro cocineros de Buenos Aires describen cómo cambió la salida a comer: porciones más chicas, menos vino, platos divididos y un celular que ya decide el pedido antes de sentarse.
Arrancamos con el pulso del finde: la ocupación hotelera en Buenos Aires ronda el 75 por ciento, varios puntos por debajo de lo que se veía en esta misma fecha del año pasado, cuando la ciudad estaba a full con el turismo extranjero. Y en las mesas se nota algo parecido. Los cocineros porteños coinciden: el argentino sale a comer de otra manera. Come menos, gasta con más cuidado y lleva el celular como un comensal más.
Dante Liporace, que maneja los espacios de Trade Sky Bar y Trade Sky Club y su restaurante en Palermo, lo resume así: la reducción en las cantidades atraviesa generaciones. Bajan los gramos tanto entre los mayores de cuarenta que cuidan la dieta como entre los más jóvenes que ajustan el bolsillo. En las dos puntas se ve la misma merma en el plato.
Menos vino, más copa
El alcohol acompaña esa lógica. El Instituto Nacional de Vitivinicultura registró una caída del 32 por ciento en el consumo de vino por habitante en la última década: se pasó de casi 24 litros anuales en 2015 a 16,1 litros en 2025. Germán Sitz, que está al frente de varios restaurantes porteños, lo ve todos los servicios: la copa le ganó a la botella porque permite tomar menos y probar distintas etiquetas en una misma salida.
Compartir, la estrategia para bajar el ticket
La economía se metió en la mesa y empujó una costumbre que ya es moneda corriente: dividir los platos. Liporace cuenta que, cuando el motivo es el gasto, los comensales reparten entrada, principal y postre. Narda Lepes, de Narda Comedor y Kõnã Corner, aclara que lo más habitual es picotear entrada y postre entre todos y dejar el plato principal para uno solo, que es el rubro donde más se economiza.
En ese contexto, los menús con precio fijo ganaron terreno. Sitz explica que un menú ejecutivo con valor claro baja la incertidumbre y termina facilitando la decisión de sentarse. También se corrió la vara de lo que vale o no vale la pena: un ticket alto puede sentirse barato si la experiencia lo banca, y uno bajo puede parecer caro si no hay valor real.
El celular ya pidió antes de que te sentaras
El teléfono reorganizó la salida de punta a punta. Muchos comensales llegan sabiendo qué van a pedir porque ya lo vieron en redes. Leo Lanussol, de Ness, observa que la estética se volvió protagonista y que hay platos que se piensan para la foto tanto como para el comensal. Lepes advierte que algunos hacen cola por un plato instagrameable, aunque también recuerda que sigue habiendo gente que va a comer, simplemente a comer.
“La sobremesa, por ahora, resiste. La charla larga después del plato principal sigue siendo de las pocas cosas que el celular todavía no se llevó.”Varios cocineros porteños consultados
Si te quedó el dato dando vueltas y querés comprobarlo en una mesa concreta, te dejo una recomendación que tiene todo eso junto: Narda Comedor, en el barrio de Belgrano. Pedí la entrada para compartir, una copa de un blanco fresco y dejá el principal para alguien que tenga más hambre. El ticket baja, la foto sale linda y la sobremesa sigue siendo tuya.
