El dólar quedó clavado a 1.530 en el mostrador del Nación y la brecha con el blue se mantiene en quince pesos
El oficial minorista cerró la rueda sin variaciones en el Banco Nación, mientras el paralelo se negoció a 1.545. Quienes gasten en el exterior con tarjeta siguen pagando 1.995,50 pesos por cada dólar, y el riesgo país se sostuvo en 491 puntos básicos.
La jornada cambiaria del martes dejó una postal que ya empieza a convertirse en costumbre: el dólar oficial se plantó en el mostrador y no se movió. La pizarra del Banco Nación exhibió durante toda la rueda 1.480 pesos para la compra y 1.530 pesos para la venta, valores que rigieron desde la apertura, cerca de las diez de la mañana, hasta el cierre de operaciones, pasadas las cinco de la tarde, sin que mediara una sola corrección por parte de la autoridad monetaria ni por los operadores del sistema financiero. En un mercado acostumbrado a los sobresaltos, la quietud del minorista suele leerse como una señal deliberada más que como una ausencia de operaciones, y la lectura que hacen los analistas es que la estrategia oficial de pisar el tipo de cambio oficial para anclar expectativas inflacionarias sigue plenamente vigente, aun cuando el costo político y económico de esa política se discuta en otros despachos.
El paralelo, apenas quince pesos arriba
Por encima del mostrador oficial, el mercado informal trabajó con una brecha que volvió a ubicarse en el orden de los quince pesos. El dólar blue, ese nombre que sobrevive desde los tiempos del uno a uno como sinónimo de dólar paralelo, se negoció a 1.545 pesos para la venta en las casas de cambio del microcentro porteño, un valor que se conoce pasado el mediodía, cuando los arbolitos recién terminan de tantear dónde están parados los precios de la mañana. La diferencia entre el oficial y el paralelo se mantiene así en el 0,98 por ciento, una distancia exigua si se la compara con los picos de tensión cambiaria que la economía argentina supo protagonizar, aunque sigue siendo un canal de drenaje que el equipo económico observa con atención porque alimenta expectativas devaluatorias y presiona sobre los precios de bienes y servicios dolarizados.
- Dólar oficial minorista (Banco Nación): 1.480 pesos compra y 1.530 pesos venta, sin variaciones en toda la jornada.
- Dólar blue (mercado paralelo): 1.545 pesos para la venta, con una brecha inferior al uno por ciento respecto del oficial.
- Dólar tarjeta para consumos en el exterior: 1.995,50 pesos, resultado de aplicar el 30 por ciento de percepción a cuenta del impuesto a las Ganancias sobre el oficial.
- Riesgo país (índice de JP Morgan): 491 puntos básicos al cierre de la rueda.
- Ether (ETH) en plataformas digitales: 2.480,40 dólares, con operatoria continua sin horarios ni feriados.
Por qué el dólar tarjeta sigue mordiendo
Desde la eliminación del impuesto PAIS, el único adicional que se aplica sobre las compras realizadas en moneda extranjera con tarjeta de débito o crédito es la percepción del treinta por ciento a cuenta del impuesto a las Ganancias que administra la Administración Federal de Ingresos Públicos. Esa alícuota, que se aplica sobre el tipo de cambio oficial minorista, lleva el costo de cada dólar consumido en el exterior hasta los 1.995,50 pesos, un valor que ya supera con holgura la cotización del paralelo y que se convierte, a la hora de pagar el resumen, en la referencia más cara del menú cambiario para los ahorristas que viajan al exterior o que mantienen consumos en plataformas extranjeras. El número no es un dato menor: equivale a un sobrecosto del 30,4 por ciento por encima del oficial y del 29,1 por ciento por encima del blue, y deja en evidencia que el sinceramiento cambiario que el Gobierno pregona tiene como contracara una recaudación adicional que pesa sobre los consumos en divisas.
El segmento mayorista, en tanto, volvió a quedar fuera del alcance del público general. Esa cotización, gestionada por el Banco Central y referencia obligatoria para las operaciones de comercio exterior, los flujos financieros entre entidades y la liquidación de agroexportadores, funciona como el termómetro que mira el equipo económico para evaluar si la estrategia de crawling peg contra la inflación está cuajando o si, por el contrario, empieza a perder efectividad. Aunque no se difundieron datos puntuales del cierre mayorista en esta jornada, la estabilidad del minorista permite inferir que el ente rector tampoco movió las piezas en el segmento interbancario, y eso es, en sí mismo, un mensaje.
Riesgo país y activos digitales
El riesgo país, ese indicador que elabora el banco de inversión JP Morgan para medir el sobrecosto que enfrenta la Argentina a la hora de financiarse en los mercados internacionales, cerró la jornada en 491 puntos básicos. Se trata de un número que sigue ubicándose lejos de los umbrales que la historia argentina asocia con momentos de relativa tranquilidad, pero que a esta altura del calendario funciona casi como un piso, siempre y cuando se recuerde que durante los peores tramos de la crisis de deuda el indicador llegó a cotizar por encima de los 3.000 puntos básicos. Los 491 puntos de hoy son, técnicamente, un termómetro de la confianza o la desconfianza que despiertan los compromisos soberanos argentinos, y sirven para dimensionar que la economía sigue pagando más caro que sus pares de la región por cada dólar que toma prestado en el exterior.
En el segmento de activos digitales, la cotización de Ether, la criptomoneda que sostiene la red Ethereum, se mantuvo en los 2.480,40 dólares, con operatoria que no conoce feriados ni horarios de rueda cambiaria. Es, en buena medida, el espejo inverso del mercado local: mientras el peso argentino pelea por mantener su anclaje contra el dólar en una banda angosta, las monedas digitales ofrecen una vía de fuga permanente que muchos argentinos exploran como reserva de valor, aunque su volatilidad las convierta en una apuesta más que en un refugio.
Al cierre de la jornada, la postal que queda es la de una economía que sigue funcionando con el dólar como ancla y a la vez como talón de Aquiles. El oficial quieto, el paralelo a centímetros, la tarjeta inaccesible por el recargo y un riesgo país que no termina de acomodarse son las cuatro coordenadas que un viejo armador de la city porteña resumiría con la frase de siempre: mientras el barco no se mueva, la bodega no se rompe, pero tampoco entra mercadería. La pregunta de fondo es hasta cuándo aguanta esa quietud, y la respuesta, como siempre sucede en materia cambiaria, se conocerá cuando el mercado la muestre, no cuando los despachos oficiales la anticipen.
