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Viernes, 16 de octubre de 2026
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"El mal hijo": Jaime Lorente se sienta detrás de la cámara y deja a medio camino una historia que empezaba a conmover

El actor español presenta su ópera prima como director, un film que arranca con la intimidad de un vínculo entre un nene y su abuela en Murcia y se pierde cuando elige el camino del thriller de mafias y drogas.

Por Silvia MenéndezCultura y espectáculos · · hace 55 min
"El mal hijo": Jaime Lorente se sienta detrás de la cámara y deja a medio camino una historia que empezaba a conmover

Me lo crucé a la salida del cine, todavía con la butaca en el cuerpo, y la coincidencia fue casi una declaración de principios: un señor de unos cincuenta y tantos, bufanda al cuello, le decía a su mujer que la película le había gustado pero que algo no terminaba de cerrarle. A mí me pasó exactamente lo mismo con "El mal hijo", la ópera prima de Jaime Lorente como director, y la verdad es que duele un poco escribirlo porque hay instantes en los que se nota que este actor español podía haber traído algo verdaderamente propio si se hubiera quedado en el barrio donde empezó a filmar.

Un arranque que abraza la intimidad

El primer tramo es, sin exagerar, lo mejor de la película. Lorente elige contar desde abajo, desde la mirada de un chico que el padre dejó tirado y que termina criándose con la abuela, y ahí, en esa cocina de Murcia con olor a comida casera y en los pasillos donde el nene se esconde a espiar, aparece un director que observa con paciencia. Hay una ceremonia vista por una puerta entreabierta y una conversación entre chicos al anochecer que se quedan en la memoria precisamente por su falta de pretensión: momentos que no buscan el golpe bajo y por eso golpean doble.

El salto que le juega en contra

El problema empieza cuando la historia pega un salto temporal y Rubén, el protagonista, ya es un adulto. El tono cambia de un plumazo, el vínculo entrañable con la abuela queda en segundo plano y la película se zambulle de lleno en el universo del narcotráfico, las mafias y las persecuciones, un terreno que ya tiene dueños con oficio y colmillo. Los recursos que en la primera parte parecían hallazgos personales se convierten en fórmulas del género negro más transitado: persecuciones, amenazas, golpes de efecto acumulados con una insistencia que termina por desgastarlos y le sacan a la película la calidez que la hacía distinta.

  • Elenco que responde con oficio, aunque los personajes secundarios queden como figuras de género sin demasiado desarrollo.
  • Planos bien compuestos y una mirada con criterio en los mejores momentos, pero dificultad para sostener la tensión en las escenas de acción.
  • Una primera mitad con escenas de infancia filmadas con sensibilidad y un pulso narrativo genuino.
  • Un segundo tramo que apuesta por el thriller de mafias y drogas, terreno ya recorrido con mucha más convicción por otros directores.

No es un debut para tirar a la basura, ni mucho menos: hay detrás una labor honesta y un equipo que se nota cuidado. Pero entre lo que la película prometía en su arranque, ese pequeño universo de afectos rotos en un barrio murciano, y lo que entrega después, la distancia se siente y pesa. Me fui del cine con la sensación de haber visto dos películas distintas pegadas con cinta, y eso, viniendo de un director que eligió abrirse con una historia tan personal, es una lástima grande.

“Lo que se pierde en ese giro es la singularidad”Silvia Menéndez
SM
Silvia MenéndezCultura y espectáculos

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