El tacto como regulador emocional: qué dice la neurociencia sobre caricias, abrazos y compañía
La especialista Paula Salamone explicó cómo el contacto físico participa en la respuesta al miedo y al estrés, por qué no es igual tocar a otro que tocarse uno mismo y de qué modo la cultura moldea la cercanía entre las personas.
Salamone, doctora en Neurociencias Afectivas, sostuvo que el contacto físico puede disminuir la ansiedad y acompañar estados de miedo o angustia. Tomar la mano de un chico, una caricia o un abrazo forman parte de un conjunto de gestos estudiados por su efecto sobre las emociones.
Según confirmó a este medio, la investigadora describió que el estímulo viaja por la piel, llega al cerebro e involucra también a la médula espinal y al resto del organismo. Ese recorrido explica por qué una caricia o un masaje pueden modificar respuestas fisiológicas asociadas al estrés y a la relajación.
Tocarse a uno mismo no equivale al contacto con otro
La especialista diferenció dos situaciones. Una persona puede tocarse el cabello o acariciarse la barba como forma de autorregulación emocional. Cuando interviene otra persona, el cerebro distingue entre las acciones propias y los estímulos que llegan desde afuera, y la respuesta no es la misma.
Las cosquillas ilustran esa diferencia. Al provocárselas uno mismo, el cerebro anticipa el lugar, el momento y la forma del contacto, lo que reduce la sorpresa y la intensidad. Cuando las hace otra persona, queda un margen de incertidumbre. Salamone agregó que las cosquillas forman parte del juego y del intercambio social.
Cultura, distancia y pandemia
En su trabajo de investigación en Suecia, Salamone registró que conversar con un colega a tres metros de distancia resultaba habitual. Según explicó, las diferencias culturales en el espacio personal no expresan emociones distintas, sino otras formas de vínculo.
En Argentina, la neurocientífica integra el equipo Tango-i Lab, donde estudia la relación entre el contacto y los síntomas de despersonalización. El grupo también investiga si la falta de interacción física durante el aislamiento por la pandemia dejó efectos posteriores; se trata de una pregunta de investigación abierta.
El material difundido también dejó planteada una pregunta abierta: qué lugar tiene el contacto en la vida cotidiana de las personas, un interrogante que la neurociencia afectiva continúa explorando.
En desarrollo. La próxima actualización se publicará a las 21:30.
