Estados Unidos puso en la mira a una aceleradora china por financiar, según sospecha, a un ex Google que se llevó secretos de IA
MiraclePlus y tres de sus filiales quedaron en la lista negra del Departamento de Estado. En el centro del escándalo está un exingeniero condenado a prisión por robar más de 2.000 páginas de información confidencial.
Les cuento de qué va esta historia, porque tiene varias capas y a primera vista parece un galimatías. En el fondo, es una pulseada entre Estados Unidos y China por el oro del siglo XXI: la inteligencia artificial. Y esta semana el Departamento de Estado movió una ficha fuerte. Acaba de sancionar a MiraclePlus, una aceleradora de startups china, y a tres de sus filiales, acusándolas de haber puesto plata en una empresa fundada por un exingeniero de Google que se llevó información confidencial bajo el brazo. Para que se entienda: una aceleradora es como una especie de "cuna" para empresas recién nacidas; les dan dinero, oficina y consejos a cambio de una parte de la compañía. Acá la sospecha es que esa cuna, sin querer o queriendo, ayudó a criar a alguien que había hecho trampa.
El ex Google en el ojo de la tormenta
El protagonista de esta novela se llama Ding Linwei. Trabajaba como ingeniero de software en Google y, según la Justicia estadounidense, durante un tiempo largo hizo doble juego: de día laburaba para el gigante de Silicon Valley y de noche, en secreto, colaboraba con dos empresas de inteligencia artificial radicadas en China. ¿Cómo lo descubrieron? Las autoridades sostienen que se llevó más de 2.000 páginas de secretos comerciales y las guardó en su cuenta personal en la nube. Como si un cocinero se llevara la receta secreta de la casa y la subiera a su Instagram. En septiembre de este año lo condenaron a un año de prisión. La defensa intentó argumentar que esos papeles no calificaban legalmente como "secreto comercial" y que no estaba demostrado el daño, pero no le alcanzaron los argumentos.
La empresa que Ding fundó después se llama Shanghai Zhisuan Technology, nació en 2023 y se dedica a hacer software para entrenar modelos de inteligencia artificial, o sea, los programas que después terminan hablándole a uno por el celular o recomendándole películas. Acá viene el dato clave: el Departamento de Estado asegura que, cuando Ding quiso entrar al programa de incubación de MiraclePlus, él mismo puso por escrito en su solicitud que conocía la tecnología interna de Google. O sea, lo dijo con todas las letras, en la carta de presentación. Como quien va a una entrevista de trabajo y en el CV aclara "conozco los códigos de la bóveda del banco donde trabajo".
Qué significa caer en la lista negra
Estar en la lista negra del Departamento de Estado no es un papelón menor. Las sanciones pueden implicar que se le congelen los activos que la empresa tenga en territorio estadounidense y que se le complique operar con bancos. Es como si a usted le bloquearan la cuenta y la tarjeta en el extranjero: de repente no puede pagar ni cobrar afuera. MiraclePlus, sin embargo, negó haber invertido un peso en Zhisuan y dijo que la medida los agarró con la guardia baja. La firma aseguró que está charlando con las partes involucradas y que va a intentar revertir la decisión.
Y vale la pena saber quién está detrás de MiraclePlus, porque no es un actor menor del paisaje tecnológico chino. La fundó Lu Qi, un nombre pesado: ex especialista en inteligencia artificial de Microsoft y de Baidu. La aceleradora nació en 2019, cuando Y Combinator (la famosa incubadora de Silicon Valley) decidió levantar campamento en China y Lu agarró el volantazo para seguir operando bajo otra marca. Entre las startups que crió figuran SiliconFlow, que hace infraestructura para que los modelos de IA funcionen rápido, y AgiBot, una fábrica de robots. Las dos planean cotizar en la Bolsa de Hong Kong. O sea, no estamos hablando de un garage con tres computadoras.
Le pregunté a un becario del área de tecnología cómo lee todo esto y me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Es la primera vez que veo a una aceleradora entera quedar señalada por lo que hizo una empresa a la que, según ellos, ni siquiera le pusieron plata. Es como si al gobierno de un país lo sancionaran por la travesura de un vecino". Una imagen bastante gráfica, viniendo de alguien que todavía está terminando la carrera.
¿Y eso para qué sirve? Para entender que la pelea por la inteligencia artificial no se da sólo en los laboratorios ni en las pantallas: se da en los tribunales, en las listas negras y en los movimientos de dinero. Cada sanción de este tipo es un mensaje político: le dice a las aceleradoras, a los fondos de inversión y a los ingenieros que trabajar con determinada información puede tener consecuencias que van mucho más allá de un juicio individual. La pregunta que queda flotando es si esto frena las fugas de cerebros y de datos, o si simplemente las empuja más adentro de la sombra.
