Gripe: por qué sentirte bien y empeorar de golpe puede ser la señal más peligrosa
El infectólogo Dhatri Kotekal advierte que la mejoría aparente seguida de un retroceso brusco suele esconder una infección secundaria. Cuáles son los síntomas que justifican una consulta inmediata y quiénes corren más riesgo.
Hay una sensación que muchos festejan cuando están engripados: el día en que parece que la fiebre afloja, el cuerpo pide menos la frazada y uno hasta se imagina volviendo al trabajo. Bueno, esa mejoría puede ser una trampa. Si al rato los síntomas vuelven con todo, ojo: puede haber aparecido una infección secundaria, y eso cambia completamente el escenario. El infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por la Clínica Cleveland, lo explica con una frase que conviene memorizar: la evolución del cuadro importa tanto como los síntomas del arranque.
Las señales que piden atención médica urgente
La lista de alarmas no es para hacerle caso a medias. Falta de aire, dolor o presión en el pecho y labios o uñas azulados son motivos para ir a una guardia ya, no para esperar al médico del día siguiente. También hay que prestar atención a la confusión, el desmayo, los vómitos intensos y la deshidratación severa. En chicos menores de cinco años, la respiración acelerada y el llanto que no se calma con nada son motivos suficientes para salir corriendo al pediatra.
- Falta de aire o sensación de opresión en el pecho.
- Labios o uñas azulados, una señal de que la sangre no está oxigenando bien.
- Confusión, desmayo o alteración de la conciencia.
- Vómitos intensos o deshidratación severa, sobre todo en chicos y adultos mayores.
- En niños pequeños: respiración acelerada y llanto inconsolable.
Acá va una aclaración útil: una infección secundaria es como cuando te cae agua en un papel ya mojado. El virus de la gripe ya debilitó las defensas, y entonces otra bacteria o el propio virus aprovechan esa ventana para meterse más profundo. Por eso el cuerpo, que parecía estar ganando la pelea, de repente la empieza a perder.
Quiénes están en la mira
El riesgo no es parejo para todos. Los menores de cinco, los mayores de 65, las personas embarazadas y quienes tienen enfermedades crónicas -diabetes, problemas renales, cardíacos, pulmonares u obesidad- son los más vulnerables. En estos pacientes, el deterioro puede pasar en apenas 24 o 48 horas. También hay un dato que solemos pasar por alto: estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo borra. Una persona sin antecedentes puede cursar una gripe sin problemas durante una semana y, de repente, complicarse.
Me lo resumió así Martina, becaria de la sección, mientras tomaba su tercer té del día: 'O sea que te podés sentir bárbaro y al rato estar mal de verdad'. Exacto. Esa falsa mejoría es justamente la ventana donde aparecen las complicaciones que más preocupan a los infectólogos.
Qué puede complicarse y por qué
La mayoría se recupera en una a tres semanas, pero el esfuerzo que hace el cuerpo para enfrentar el virus a veces pasa factura. Kotekal apunta a la neumonía como la complicación potencialmente mortal más habitual: puede ser viral, cuando el propio virus avanza hacia los pulmones, o bacteriana, cuando aprovecha el terreno debilitado. También puede aparecer sepsis, que es básicamente una respuesta inflamatoria exagerada del sistema inmunitario que termina dañando los propios órganos. En personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la gripe puede desencadenar una crisis o insuficiencia respiratoria. Y en cardíacos, un cuadro severo puede alterar el pulso y la presión hasta provocar un infarto o un accidente cerebrovascular.
Para terminar, una recomendación que el especialista repite todos los años: la vacunación anual contra la gripe sigue siendo la herramienta de prevención más sólida. Tanto la influenza A como la B pueden dar cuadros graves, así que el tipo de virus no es un consuelo a esta altura del partido. ¿Y eso para qué sirve? Para entender que la gripe no es un resfrío disfrazado: es una infección seria, capaz de generar complicaciones que mandan al hospital, y que la diferencia entre un cuadro manejable y uno grave muchas veces se juega en horas. Por eso, ante la señal de alarma más sutil -esa mejoría que se corta de golpe-, conviene llamar al médico antes de esperar a ver cómo sigue la cosa.
