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Martes, 13 de octubre de 2026
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Izquierda o derecha: el cerebro no te define como pensás

Un estudio con más de mil participantes confirmó que la especialización del cerebro es local, no global. La idea de clasificar a las personas como racionales o creativas según el hemisferio dominante carece de sustento y puede condicionar la educación.

Por Ana PardoNecochea y Pinamar · · hace 46 min
Izquierda o derecha: el cerebro no te define como pensás

Lo escuché toda la vida: fulano es de cerebro izquierdo, mengano es de cerebro derecho. El primero, analytical y cuadrado; el segundo, creativo y desordenado. Es una de esas frases que se repiten con tanta naturalidad que parece verdad comprobada. No lo es. Un estudio publicado en PLOS ONE y la lectura que hizo la psicóloga Grace Tworek, de la Clínica Cleveland, lo dejaron en claro: la lateralización hemisférica es real, pero ocurre en redes puntuales, no en la personalidad entera.

El punto de partida del mito es un dato verdadero: los dos hemisferios no cumplen exactamente las mismas funciones. El izquierdo se destaca en el lenguaje y gobierna los movimientos del lado derecho del cuerpo; el derecho participa del procesamiento visual y espacial y maneja el lado izquierdo. Esa distribución existe. El problema aparece cuando se la lleva al terreno de las fortalezas individuales y se la convierte en una etiqueta para clasificar a la gente.

Qué encontró el estudio

La investigación analizó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Identificó regiones con lateralización: áreas de en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho. Pero no halló evidencia de que esas conexiones se agrupen en un patrón que favorezca de manera consistente a un hemisferio sobre el otro en cada individuo. En otras palabras: no existe un patrón global que permita decir “esta persona es de izquierda” o “esta persona es de derecha”.

Además, ambos hemisferios se comunican de forma permanente a través del cuerpo calloso, un conjunto de fibras nerviosas que intercambia información entre las dos mitades. Esa coordinación es la que permite tareas tan cotidianas como mantener una conversación, que exige procesar palabras, interpretar el tono, leer gestos y manejar el contexto emocional al mismo tiempo.

De dónde viene el equívoco

El mito tiene un origen concreto: las investigaciones con pacientes a los que se les seccionó el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves. Esas cirugías, excepcionales, permitieron observar diferencias entre hemisferios, pero no representan el funcionamiento de un cerebro sin lesiones. De ahí se saltó, sin demasiado rigor, a clasificar personas sanas.

“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic

Por qué importa, sobre todo en el aula

La Unesco advirtió que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Definirse como “poco creativo” por asumirse analytical, o como “desorganizado” por creerse artístico, puede desincentivar la práctica de habilidades que se entrenan con esfuerzo. La consecuencia es concreta: se dejan de cultivar capacidades que, según la etiqueta, no le corresponderían a esa persona.

  • La especialización hemisférica existe, pero es local, en redes específicas, y no define la personalidad.
  • Un estudio con 1.011 participantes no encontró un patrón global que determine el hemisferio dominante de cada individuo.
  • Ambos hemisferios trabajan coordinados a través del cuerpo calloso en la mayoría de las tareas cotidianas.
  • El mito nació de casos quirúrgicos excepcionales, no del funcionamiento normal del cerebro.
  • Aplicar la clasificación en la educación puede limitar el desarrollo de habilidades en los alumnos.

La próxima vez que alguien me diga que es de cerebro derecho y yo, claramente, del izquierdo, voy a sonreír y seguir conversando. No porque la idea sea inofensiva, sino porque ya sabemos lo que falta: que las familias, los docentes y los adultos en general dejen de repartir etiquetas que comprimen el potencial de la gente. Quienes tienen que resolverlo son, sobre todo, los propios adultos dentro del aula, pero también cada uno de nosotros a la hora de hablar de los demás. Como dijo una vez una vecina de Necochea mientras tomábamos mate en la rambla: “A mí no me encasillan más, yo soy entera y punto”.

AP
Ana PardoNecochea y Pinamar

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