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La VTV del amor: por qué Rolón propone poner los vínculos de pareja bajo la lupa

El psicoanalista y escritor sugirió revisar cada vínculo como se revisa un auto: mirar el estado general antes de que algo se rompa. La costumbre, la resignación y el miedo a quedarse solo aparecen como motores silenciosos que muchas veces sostienen relaciones que hacen sufrir.

Por Silvia MenéndezCultura y espectáculos · 17 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En la sala lo vi antes que en el escenario: un señor de unos cincuenta y tantos, con el programa abierto sobre las rodillas, le comentaba a la señora de al lado, con ese tono de confidencia que se usa en la butaca de al lado, que hacía años que no se preguntaba cómo estaba su matrimonio. La señora asintió con la cabeza, como si la frase le hubiera tocado una zona que tenía guardada. Esa imagen me acompañó durante toda la conversación que Gabriel Rolón mantuvo con Luis Novaresio y que volví a escuchar para escribir esta nota, porque el psicoanalista y escritor fue a parar, casi sin proponérselo, a ese mismo lugar: al de la pareja que sigue andando por inercia, sin que nadie se detenga a mirar cómo está.

Rolón eligió una imagen muy concreta para hablar del tema: la de la Verificación Técnica Vehicular. Si un auto se revisa periódicamente para detectar fallas antes de que se vuelva un problema serio, dijo, algo parecido debería hacerse con los vínculos de pareja. La comparación, lejos de ser un juego de palabras, apunta a algo que en su lectura aparece una y otra vez en el consultorio: personas que conviven con un malestar crónico dentro del amor, sin concederse el permiso de detenerse a observarlo.

Costumbre, resignación y miedo a estar solo

El escritor describió tres motores que, desde su perspectiva, suelen sostener relaciones que generan sufrimiento. El primero es la costumbre: ese modo en que los días se encadenan unos con otros y van dejando para después cualquier revisión pendiente. El segundo es la resignación, que aparece cuando alguien acepta aspectos del otro que le desagradan porque asume que no hay otra salida posible. El tercero, y tal vez el más difícil de nombrar, es el miedo a la soledad, ese temor que puede ser tan fuerte como para preferir un vínculo dañino antes que la idea de quedarse a solas con uno mismo.

Sobre este último punto Rolón fue especialmente cuidadoso. La compañía de alguien querido ofrece una calma genuina, reconoció, pero no borra del todo la experiencia de estar solo. Incluso un abrazo, contó, puede aliviar lo que una persona siente sin terminar de resolverlo. Esa idea, la de que el otro calma sin necessarily completar, atraviesa buena parte de su mirada sobre los afectos.

El deseo como señal de una falta

La conversación también pasó por otro de los temas recurrentes en la obra de Rolón: el deseo y su vínculo con la falta. Sus palabras, textuales, dejaron planteada la idea con una claridad que invita a pensar.

“El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene.”Gabriel Rolón

Para desarrollarlo, el psicoanalista recorrió búsquedas muy distintas entre sí: desde una necesidad cotidiana, como conseguir un... perdón, conseguir algo que se quiere en lo inmediato, hasta el anhelo más vasto de encontrar una pareja. Incluyó también proyectos y experiencias como alcanzar un trabajo deseado, lograr un éxito largamente perseguido, leer un libro que alguien tenía pendiente o tener un hijo. En todos los casos, según su lectura, esas búsquedas no consiguen eliminar de manera definitiva la sensación de que algo falta.

Esa falta persistente, explicó, se conecta con la conciencia de que la vida y los afectos no son permanentes. Para Rolón, convivir con esos límites no es un defecto ni una tragedia: es parte de la experiencia humana. Lo que sí es opcional, deslizó, es sostener un vínculo sólo por inercia, por costumbre o por miedo, sin concederse la posibilidad de mirarlo de frente.

Lo que se lleva el público a la salida

A la salida del teatro, mientras la gente comentaba lo escuchado, una mujer le decía a su amiga, con esa seguridad que da sentirse comprendida: "Yo creo que mi marido y yo tenemos que hacer la VTV hace rato". La frase, que escuché de paso entre la multitud que se iba acomodando las bufandas en la puerta, condensó mejor que cualquier resumen la propuesta de Rolón: revisar, antes de que la relación se rompa sola, cuánto de lo que sostenemos responde a lo que queremos y cuánto responde, simplemente, al miedo de quedarnos solos.

  • La VTV del amor, según Rolón, es una invitación a revisar periódicamente el estado del vínculo de pareja, como se hace con un vehículo antes de que aparezca una falla grave.
  • Costumbre, resignación y miedo a la soledad aparecen como tres motores que, para el psicoanalista, suelen sostener relaciones que generan sufrimiento.
  • La compañía de alguien querido calma, pero no borra del todo la experiencia de soledad: incluso un abrazo puede aliviar sin resolver por completo.
  • El deseo, en la lectura de Rolón, señala siempre una falta: se desea lo que no se tiene, y alcanzar algo deseado no elimina definitivamente esa sensación.
  • La propuesta final deja una pregunta abierta para cada pareja: cuánto de lo que se sostiene responde al querer genuino y cuánto a la inercia o al temor.
SM
Silvia MenéndezCultura y espectáculos

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