Más allá de la paella: un paseo por la Valencia que se come entre semana
Olivares, figatells, titaina y esmorzarets: una guía para almorzar y tapear por los barrios que mejor cuentan la identidad gastronómica valenciana.
Llevo años cubriendo temporadas y, te confieso, pocas ciudades me sorprenden en la mesa como Valencia. No por la paella, que también, sino por todo lo que se come antes y después de ella. El finde pasado la ocupación hotelera rozó el 90 por ciento y el termómetro gastronómico estuvo al rojo vivo. Si te toca bajar, acá te dejo un recorrido con direcciones concretas para que no te pierdas nada.
El esmorzaret, esa excusa para empezar tarde
La primera parada obligatoria es a la mañana, antes de las 12. El esmorzaret es un almuerzo de manual: aceitunas, cacaus del collaret (un bocadillo típico), una cerveza de por medio y un cremaet (el carajillo local) para cerrar. Algunos bares suman encurtidos o altramuces, que en este pueblo son casi un grupo sanguíneo.
Para no errar la dirección: La Pascuala, en Dr. Lluch 299; Marvi, en Justo y Pastor 14; La Peseta, en Cristo del Grao 16. Si andás por el centro, La Pérgola, en Paseo de la Alameda 1, y Alhambra, en Calixto III 8, que además prepara unas tortillas de papa memorables.
El Cabanyal y el Mediterráneo en la barra
Después hay que cruzar hasta el Cabanyal-Cañamelar, el barrio que mejor cuenta la relación de Valencia con el mar. Ahí se come la titaina, una especie de revoltillo bendito con tomate, pimiento rojo asado, ajo, aceite de oliva, piñones y ventresca de atún salada. Las clótxinas (mejillones valencianos, más chiquitos que los gallegos) son otra fija.
Imperdible: Casa Montaña, taberna fundada en 1836. Sirve anchoas del Cantábrico, papas bravas, michirones estofados, ajoarriero y atún rojo del Mediterráneo marinado con siete especias. Adentro todavía quedan los toneles, la barra de mármol y los azulejos de siempre, que a mí me hacen sentir que el tiempo se cortó un rato.
Tapas en el Carmen y la huerta en plato
El barrio del Carmen tiene su propio ritmo. En Tasca Ángel salen unos lomos de sardina a la plancha con aceite, ajo y perejil que justifican la caminata. La carta suma sepia en su tinta, caracoles, callos y mollejas de cordero, todo en esa onda taberna que tanto cuesta encontrar.
Para quien quiera ir más adentro en las recetas regionales, Anyora prepara figatell, una preparación de tocino magro e hígado envuelta en redaño. Y si te inclinas por un formato tienda con mesita adentro, en Ultramarinos Huerta, Carrer del Mestre Gozalbo 13, se mezclan vinos, conservas, fiambres y quesos con croquetas, albóndigas y canelones para comer en el lugar.
Arroces, Albufera y la pregunta del millón
Toda esta variedad nace de un triángulo que lo explica todo: la huerta, la costa y la Albufera, donde se cultivan los arroces Bomba, Senia y Albufera. De ahí salen clásicos como el all i pebre y el arròs amb fessols i naps, dos platos que cuentan la historia del campo valenciano mejor que cualquier museo.
“Comparado con esta misma fecha del año pasado, Valencia viene mostrando un movimiento gastronómico más barrial, menos pensado para turistas y más para vecinos. Y eso, créanme, se nota en la mesa.”Lucía Cattaneo
Si me preguntás con qué arrancar el recorrido, te digo esmorzaret en La Pascuala, titaina en Casa Montaña y una paella (sí, alguna vez había que nombrarla) en cualquier casa de la Albufera. Y para el cierre, te recomiendo Almuerzo en Ultramarinos Huerta: sus croquetas bien merecidas. ¿Vos con qué plato empezarías?
